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Por qué la candidatura de Michelle Bachelet a la ONU estaba condenada de antemano a una derrota

Ex-Ante | Por qué la candidatura de Michelle Bachelet a la ONU estaba condenada de antemano a una derrota
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La postulación de Bachelet arrastraba desde el comienzo un obstáculo infranqueable: los reparos de la administración Trump, que tiene poder de veto y que ni siquiera accedió a recibirla pese a las gestiones de Brasil. Ahora Bachelet deberá definir con Brasil y México si mantiene una candidatura sin destino.
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La votación. El resultado fue peor que cualquiera de los pronósticos que manejaban los cercanos a Michelle Bachelet. La expresidenta obtuvo este viernes apenas 2 votos de “aliento”, 6 de “desaliento” y 7 sin opinión en la segunda votación exploratoria del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, quedando séptima entre ocho aspirantes a suceder a António Guterres (sólo supera a la ecuatoriana-libanesa Ivonne Baki, quien presentó su candidatura esta semana).

  • Vale decir, en apenas 20 días la exmandataria perdió a 4 de los 6 apoyos que había obtenido en la primera votación del 30 de julio.
  • Cercanos a Bachelet señalan a Ex-Ante que en los próximos días deberá conversar con Brasil y México, los dos países que mantienen el patrocinio de su candidatura, para evaluar la bajada de la carrera.
  • El excanciller de Gabriel Boric, Alberto van Klaveren, el mismo que realizó las primeras gestiones diplomáticas en favor de la opción de Bachelet, fue quien planteó el escenario de salida, declarando que un resultado desfavorable en el straw poll obligaría a evaluar la continuidad.

Problema de origen. El desplome puso en evidencia dificultades que acompañaron a la candidatura prácticamente desde su lanzamiento. La principal barrera fue siempre Estados Unidos: una de las cinco potencias con derecho a veto y cuyo gobierno representa las antípodas del perfil de Bachelet y la agenda que impulsaba para la ONU.

  • Desde el inicio de su segundo mandato, Donald Trump ha impulsado una revisión crítica del multilateralismo y de Naciones Unidas, mientras Bachelet construyó buena parte de su trayectoria internacional dentro de ese sistema: fue directora de ONU Mujeres y alta comisionada para los Derechos Humanos.
  • Las primeras señales estadounidenses fueron indirectas, pero terminaron transformándose en cuestionamientos públicos. En marzo, parlamentarios republicanos enviaron una carta al secretario de Estado, Marco Rubio, solicitándole expresamente que EE.UU. vetara a Bachelet.
  • En abril, el embajador estadounidense ante la ONU, Mike Waltz, dijo compartir los reparos del senador republicano Pete Ricketts, quien había cuestionado la actuación de Bachelet frente a China. Waltz añadió que Rubio compartía esas críticas.
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La Casa Blanca cierra la puerta. Bachelet realizó una intensa campaña internacional para conseguir adhesiones. Visitó 12 de los 15 países integrantes del Consejo de Seguridad, entre ellos 4 miembros de los P5 con derecho a veto: Rusia, Reino Unido, China y Francia, donde la recibió el propio Emmanuel Macron.

  • Pero no tuvo éxito en Washington. Según informó la semana pasada Folha de S. Paulo, la diplomacia brasileña solicitó expresamente que autoridades de la administración Trump recibieran a la expresidenta, pero no hubo respuesta favorable.
  • Por el contrario, un portavoz del Departamento de Estado le comentó a ese medio que “cualquier nuevo secretario general debe hacer que la ONU vuelva a su propósito primordial de mantener la paz y la seguridad en el mundo, en lugar de seguir la absurda, politizada y progresista ideología que ha perjudicado la eficacia de la institución”.
  • Bachelet contaba con el financiamiento y despliegue de Brasil y México, las dos mayores potencias latinoamericanas cuyas cancillerías tienen amplias redes y capacidad para desarrollar una campaña global.
  • Sin embargo, el aparecer patrocinada exclusivamente por los gobiernos de Luiz Inácio Lula da Silva y Claudia Sheinbaum, terminó amarrando su candidatura a la izquierda regional que impugna a Trump.
  • El escenario se complicó adicionalmente por el deterioro de las relaciones entre Brasilia y Washington. La relación entre Lula y Trump atravesó durante los últimos meses una grave crisis diplomática y comercial, marcada por disputas arancelarias y sucesivos roces políticos.

El factor Kast. Desde la primera votación del Consejo de Seguridad, en el entorno de Bachelet han apuntado las responsabilidades a la decisión del Presidente José Antonio Kast de retirar el respaldo chileno el 24 de marzo.

  • Boric había levantado la candidatura dos meses antes sin consensuarlo previamente con el entonces presidente electo ni informarle de la alianza con Brasil y México.
  • En la derecha, la decisión fue interpretada como una encerrona: Kast debía optar entre respaldar a una opositora política, que había hecho campaña por la candidata PC Jeannette Jara, o asumir el costo de quitarle el apoyo a una expresidenta chilena.
  • Aunque en la actual oposición han criticado en duros términos a Kast por no respaldar a Bachelet, lo cierto es que los respaldos a cargos internacionales no son automáticos. En 2022, Boric decidió no presentar la candidatura del jurista chileno Claudio Grossman para integrar la Corte Internacional de Justicia, pese a ser una carta competitiva.
  • La decisión de Kast supuso un golpe para Bachelet. Pero difícilmente habría cambiado el resultado de haber mantenido Chile su apoyo, a partir del veto de EE.UU. a la exmandataria. El gobierno de Kast no ha logrado influir en las decisiones de relevantes de Trump que, entre otras cosas, aplicó un alza arancelaria de 12,5% a productos chilenos, y ha presionado al país en materias de seguridad y defensa.

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Negociaciones reservadas. Cuando Bachelet entró en competencia, existían apenas cuatro candidatos y sus partidarios destacaban que el número acotado de postulantes podía favorecerla.

  • Pero tal como advirtieron diversos analistas, la elección del secretario general no funciona con un plazo convencional de inscripción.
  • Actualmente son ocho candidatos y ninguno ha sido capaz de concitar un consenso claro. Rusia y EE.UU. han dicho que pueden entrar más nombres en carrera.
  • La elección del máximo cargo de la ONU no es una carrera de popularidad ni encuestas, sino que una dura negociación a puertas cerradas con los países con derecho a veto. Y desde un comienzo, los expertos en el funcionamiento del organismo, advirtieron que Bachelet no era favorita en ese escenario.
     
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