Radiografía psicológica de los violadores de derechos humanos de Punta Peuco: "frialdad emocional y manejo instrumental del relato"
Radiografía psicológica de los violadores de derechos humanos de Punta Peuco: "frialdad emocional y manejo instrumental del relato" - Agencia Uno
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Durante décadas, el debate en Chile sobre los responsables de la represión estatal durante la dictadura cívico-militar de Augusto Pinochet se movió entre la ética, la historia y la política. ¿Fueron simplemente funcionarios obedientes que siguieron instrucciones de los altos mandos o se trató de perfiles especialmente proclives a la violencia? Esa interrogante, hasta ahora, no había sido abordada desde la evidencia clínica directa.
Sin embargo, un estudio científico realizado en el penal Punta Peuco analizó el perfil psicológico de condenados por violaciones a los derechos humanos y detectó en ellos altos niveles de frialdad emocional, manipulación y ausencia de culpa.
La investigación, publicada en el "Journal of Criminal Justice", fue liderada por la psicóloga forense Elizabeth León-Mayer, junto a Joanna Rocuant, y contó con la participación de Robert D. Hare, creador del principal instrumento para medir psicopatía.
Baja impulsividad pero altos niveles de frialdad emocional
El equipo evaluó a 101 internos, correspondiente al 84% de la población de ese penal, mediante la escala PCL-R. Aunque el puntaje global fue similar al de delincuentes comunes, la diferencia apareció en el componente interpersonal-afectivo: los reos de Punta Peuco presentaron niveles excepcionalmente altos de falta de empatía y remordimiento, pero bajos índices de impulsividad.
“Recuerdo que les preguntábamos si alguna vez habían pensado en las víctimas. Se quedaban mirando y respondían: ‘¿Qué víctima?’”, relató León-Mayer. En otro caso, un interno respondió: “Yo solo maté comunistas”. Al preguntarle si estaba arrepentido, respondió: “¿Por qué voy a estar arrepentido?”.

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Sin embargo, al otro día apareció en televisión pidiendo perdón públicamente junto a un sacerdote. “Yo quedé helada”, recuerda la psicóloga forense. Para la investigadora, esa distancia entre discurso público y vivencia interna reflejaba un patrón consistente: frialdad emocional y manejo instrumental del relato.
El equipo identificó un patrón específico descrito como “callous–conning”: sujetos fríos, calculadores, socialmente funcionales, capaces de ejercer violencia extrema sin remordimiento y sin antecedentes visibles de conducta antisocial temprana.
“En términos de impulsividad en general las conductas eran más bien planificadas, no eran impulsivas, eran organizadas. Había muchos temas de cofradía, de mantener ciertos códigos, sin duda eso no tiene nada que ver con un desborde”, explica Rocuant.
Añade que muchos presentaban trayectorias vitales estructuradas, familia, estudios, empleo estable, pero con una afectividad superficial y ausencia de culpa.
El estudio concluye que la violencia ejercida no fue impulsiva, sino planificada y organizada, y plantea la hipótesis de que ciertos perfiles con mayor capacidad de ejercer poder sin empatía pudieron haber sido seleccionados dentro del aparato represivo.

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“Una de las cosas que vimos es que muchos de los mandos medios y bajos fueron escogidos. No fueron azarosos”, sostiene León-Mayer.
Ante la pregunta de si el aparato represivo pudo haber seleccionado personas con mayores rasgos psicopáticos, responde: “Exactamente. O, al menos, con mayor capacidad de antisocialidad y manejo del poder”.
Pese a su relevancia internacional, la investigación tuvo escasa repercusión pública en Chile. León-Mayer afirma haber enviado los resultados a la Subsecretaría de Derechos Humanos, sin obtener respuesta.
“Debería dialogar. Lamentablemente parece que fue considerada una papita caliente y se cajoneó”, señaló.

