Todavía con el rostro irradiando alegría tras la histórica clasificación de su país a la final de una Copa del Mundo, un aficionado croata fue abordado por un periodista mexicano a la salida del estadio Luzhniki en Moscú.

Todavía digiriendo la hazaña de la que había sido testigo, el hincha Jacob Motic no se mostró preocupado cuando le preguntaron por la magnitud del desafío que tendrá su selección el domingo contra Francia.

"¿Conoces a Luka Modric, ¿verdad? Bueno, él solía jugar fútbol regateando minas terrestres. Como él, no tenemos miedo", aseguró el aficionado de 17 años que creció escuchando las historias del conflicto que marcó el nacimiento de su país a comienzo de los años 90.

Si bien su respuesta tiene un grado de fantasía, no está muy lejos de la realidad.

Modric es uno de los "niños de la guerra" que están escribiendo la página más gloriosa del fútbol de Croacia.

Él, junto a la mayoría de las estrellas de la plantilla, sufrió el sangriento conflicto que siguió al colapso de Yugoslavia en 1991.

Las declaraciones unilaterales de independencia de Eslovenia y Croacia generó la cruenta reacción de las fuerzas yugoslavas, con predominio serbio.

Desplazados y en exilio

La familia del dínamo de la selección de los cuadros rojos y blancos, al igual que la de Vedran Corluka (otro de los futbolistas más conocidos del equipo) se vio obligada a vivir como refugiada dentro de la propia Croacia por la violencia sectaria desatada en la región.

Otros tuvieron que abandonar el país, como fue el caso de Ivan Rakitic, quien se asentó junto a su familia en Suiza.

La estrella del Barcelona incluso representó al país helvético en varias selecciones de las categorías inferiores antes de elegir jugar con Croacia.

"Fue difícil de niño entender lo que estaba pasando en los Balcanes" escribió Modric en un artículo publicado en la prestigiosa publicación The Player's Tribune.

"Mis padres nunca hablaron con mi hermano o conmigo sobre la guerra ya que ellos perdieron mucha gente que amaban. Nosotros tuvimos suerte", reconoció.

Otro de los jugadores que fue desplazado durante su infancia es Mario Mandzukic, el autor del gol ganador en la semifinal contra Inglaterra, quien creció en Alemania junto a su familia.

Pero Modric tuvo que quedarse en su país, donde lo cierto es que no tuvo que utilizar las minas terrestres como rivales, pero sí patear un balón por las calles de la ciudad de Zadar cuando cesaban los bombardeos de las fuerzas serbias.

Esa fue su forma de lidiar con el trauma de la muerte de su abuelo y tutor por parte de las milicias serbias, que también incendiaron su casa.

"Cuando tenía 6 años mataron de un disparo a su abuelo, su familia fue refugiada en una zona de guerra, creció con el sonido de las granadas explotando, los entrenadores decía que era muy débil para jugar fútbol, hoy Modric lideró a su país a la final de un Mundial".


A niños como él les advertían que no se alejaran mucho del refugio por el riesgo de llegar a una zona peligrosa.

"Solo tenía seis años y esos eran momentos verdaderamente difíciles. Los recuerdo muy bien, pero no es algo en lo que quieres pensar", comentó Modric en 2008 en una de las pocas ocasiones en las que habló de la guerra.

"La guerra me hizo más fuerte. No quisiera tener eso en mi para siempre, pero tampoco quiero olvidarlo".

Recuerdos parecidos afectan al defensor Dejan Lovren.

Su familia también fue desplazada de su hogar por el conflicto y tuvo que emigrar a Alemania, pero allí no pudieron obtener asilo y se vieron obligados a regresar a Croacia a finales de los años 90.

A Lovren se le había olvidado en parte su idioma materno y tuvo problemas en la escuela.

"Cuando veo a refugiados de Siria y otros países hoy, mi primera reacción es que tenemos que darle a esta gente una oportunidad".

"Ellos no quieren formar parte de una guerra que fue causada por otros. Lo único que pueden hacer es huir".

Esa posición, sin embargo, no es compartida por todos en Croacia.

En un informe publicado en febrero, Amnistía Internacional acusó al gobierno croata de no ofrecer un proceso efectivo de asilo a aquellos refugiados o inmigrantes que entran ilegalmente el país, citando algunos casos de violencia policial.

Según el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, el país ha actuado de manera ilegal.

Somos más

Con una población de poco más de 4,1 millones, Croacia es el país más pequeño en disputar el partido decisivo de una Copa del Mundo desde que Uruguay sorprendió a Brasil en 1950.

Su difícil y doloroso proceso de independencia ha fomentado un sentimiento nacionalista tan arraigado que en ocasiones muestra un lado controvertido, como ocurrió tras la victoria contra Argentina en la que se escuchó a un grupo de jugadores en el vestuario cantando una canción nacionalista que suelen entonar militantes de extrema derecha en Croacia.

Pero dado su éxito en la cancha, la mayor parte del país respira un especial sentimiento patriota.

El día de la semifinal contra Inglaterra, el periódico Jutarnji publicó un editorial en el que se le pedía a los jugadores que "lucharan con sangre, sudor, lágrimas y unidad".

"Incluso países pequeños y superados en número pueden transformarse en grandes y famosos si trabajan juntos", dice parte del texto.

La propia presidenta del país, Kolinda Grabar-Kitarovic, está cumpliendo ese rol. Vestida con la camiseta de la selección nacional, rompió el protocolo y celebró los goles croatas en el partido de cuartos de final enfrente del propio primer ministro ruso, Dmitri Medvédev.

Política aparte, Croacia ha acaparado titulares y elogios gracias al fútbol que han mostrado en el campo, con un estilo en el que lo colectivo prevalece antes que lo individual, y el sacrificio y el esfuerzo que se dejan en cada partido.

Han jugado 120 minutos en tres partidos consecutivos, yendo a la definición por penales en dos de ellos, y muchos se preguntan si podrán resistir otro esfuerzo similar en la final contra Francia.

Una duda que también resaltaron periodistas y aficionados antes de la semifinal contra Inglaterra.

"Ese fue un gran error. Leímos todas esas palabras y todo lo que decían, y nos dijimos 'veamos ¿quién es el que se cansará?' Dominamos el juego físicamente y mentalmente", fue la respuesta de Modric a la televisión inglesa ITV al final del partido.

El mediocampista del Real Madrid se despidió de la entrevista con una sonrisa en su rostro, consciente de que su país, Croacia, había asegurado su presencia en la final de un Mundial.

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