Se podría convertir en uno de los casos judiciales más espectaculares en el mundo del arte: el caso Phillipp y Stiegel contra la República Federal de Alemania y la Fundación del Patrimonio Cultural Prusiano. Los herederos de los coleccionistas judíos demandan que Alemania reconozca al llamado "Tesoro de los Güelfos" como arte robado por los nazis y que sea devuelto a los dueños legítimos.

 Alemania quiere apelar antes de la fecha límite del 21 de abril. Así lo declaró Jonathan Freiman, abogado del Gobierno, a Washington Post. Sería la primera vez que Alemania tendría que defenderse ante un tribunal estadounidense contra una reclamación de restitución.

El "tesoro de los Güelfos" se encuentra, según sostiene el Gobierno alemán, legalmente en posesión de la Fundación del Patrimonio Cultural Prusiano. El tesoro es patrimonio nacional y debe permanecer en Berlín. La demanda es "infundada", declaró Hermann Parzinger, presidente de la la fundación, en la misma noche en la que el tribunal estadounidense acogió la demanda, el 31 de marzo de 2017. Los abogados de los demandantes, Mel Urbach y Markus Stötzel, hablan, sin embargo, de una "vergüenza para Alemania". Los frentes se han endurecido. 

Un regalo para Adolf Hitler

El "tesoro de los Güelfos" comprende unas 44 obras de arte medievales. Los Güelfos son la casa real más antigua de Europa y la familia coleccionó numerosos objetos de arte. En 1929, un consorcio de coleccionistas de arte adquirió el tesoro. Después de la venta de algunas piezas, el consorcio vendió en 1935 el resto al Estado Prusiano, en total 42 piezas de oro que se exhiben en el Museo de Artes Aplicadas en Berlín. Hermann Göring, en esa época primer ministro de Prusia y a partir de 1935 también comandante de la Fuerza Aérea de Alemania, le regaló a Hitler ese tesoro. Un regalo extorsionado, dicen los herederos de los coleccionistas judíos.

Samy Rosenberg, uno de los coleccionistas, había sido amenazado de muerte. Si no hubiese vendido el tesoro bajo las condiciones impuestas por los nazis, él y su familia nunca habrían logrado salir de Alemania. Esta valoración fue convincente para la jueza estadounidense Colleen Kollar-Kotelly. El 31 de marzo de 2017 declaró que la "toma de posesión del 'tesoro de los Güelfos' tiene suficientemente vinculación con el genocidio y la venta forzada puede ser interpretada como una violación del derecho internacional". El principio de que un Estado soberano no puede ser demandado ante tribunales de otro Estado pierde validez en casos de violaciones del derecho internacional.

¿"Un trato justo" en 1935? 

El proceso tendrá que encontrar la respuesta a una pregunta fundamental: ¿habrá que investigar cada caso individualmente y en detalle, o es suficiente saber que los coleccionistas de arte judíos fueron privados de sus derechos paulatinamente desde 1935 y, por lo tanto, no fueron capaces de actuar "de igual a igual" en el mercado de arte?    

La Fundación del Patrimonio Cultural Prusiano favorece examinar caso por caso y sostiene que en 1935 se pagó un precio justo por el tesoro. La crisis económica mundial de 1929 tuvo como consecuencia una baja en los precios en el mercado de arte, argumenta. Los abogados demandantes, sin embargo, dicen que en 1935 un "trato justo" era una cosa imposible para coleccionistas judíos. Pintar a criminales de guerra nazi como civilizados hombres de negocios es una vergüenza, afirman los abogados Urbach y Stötzel.

 Ya en el 2008 los abogados de los herederos pidieron devolver el "tesoro de los Güelfos". En 2015, una comisión de expertos independientes recomendó dejar las reliquias en Berlín. Según esa comisión, el precio de 4,25 millones de marcos pagados en 1935 reflejaba el valor real en ese tiempo. A continuación, los abogados presentaron su demanda ante el tribunal estadounidense en Washington. Dado que no había base legal para casos de restitución en Alemania, no tenían otro remedio, explicaron. A diferencia de Austria o los Países Bajos, en Alemania no existe una ley de restitución que abarque casos de obras de arte saqueadas por los nazis.

La demanda ante el tribunal estadounidense sienta un precedente. Es posible que ahora surjan otros casos similares en tribunales en EE.UU. En ese caso, los herederos de los coleccionistas ya no tendrían que demostrar que la venta fue forzada, sino los museos alemanes tendrían que demostrar que ellos son los propietarios legítimos de esos objetos que adquirieron durante el régimen nazi. Ahora le toca a la Fundación del Patrimonio Cultural Prusiano. Pronto podría seguir la famosa Pinacoteca de Múnich, que también se enfrenta a una demanda en Estados Unidos para que devuelva varios cuadros del pintor Max Beckmann.

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