De niño, Alfredo Urrutia admiraba a su tío Enrique. Lo acompañaba a campamentos scout y lo veía como una figura que representaba la aventura, la naturaleza y una forma distinta de entender la vida. Con los años, esa admiración lo llevó a acercarse al proyecto comunitario que su familiar había construido y que posteriormente se convertiría en el centro de graves denuncias.
Alfredo es sobrino de Enrique Urrutia Aburto, fundador de la comunidad Cahuala, en Chiloé, conocido por sus integrantes como el “Jefe”. Hace siete años, decidió denunciar presuntos delitos que ocurrían al interior de la agrupación, una causa que actualmente continúa bajo investigación de la Fiscalía.
De admirar profundamente a su tío pasó a denunciarlo: "Él no cree en la familia"
En la segunda parte de Reportajes Teletrece sobre esta denuncia, Alfredo relató cómo cambió su percepción de su tío después de conocer desde dentro las normas que regían la vida en comunidad, sobre todo por la forma en que se entendían los vínculos familiares.
“La comunidad se organizaba en círculos, círculos de hombres, círculos de mujeres, círculos de jóvenes y círculos de niños. No era un esquema familiar. Él no cree en la familia. Dice que la familia, los vínculos familiares y biológicos son un impedimento para vivir en comunidad”, afirmó.
Antes de conocer esa realidad, Alfredo veía a Enrique como un referente. “Tú imagínate un niño de 9 años cuando tiene un tío que le llama ‘el jefe’ y que todos lo siguen y que vivía haciendo las cosas que a todos nos gusta, que es la naturaleza y la aventura”, relató.
Con el tiempo, el contacto entre ambos se volvió intermitente. La relación cambió cuando Enrique le propuso incorporarse a un proyecto de vida comunitaria junto a su pareja, primero en el norte del país y posteriormente en Chiloé.
“Nosotros y otra pareja vivimos ahí durante un año y digamos que fue el período que nos puso a prueba. Trató de hacer como que esto era una gran familia. Y al cabo de eso ya nos invitó a vivir a Chiloé”, recordó.
Sin embargo, una vez dentro de la comunidad, comenzó a cuestionar las ideas de su tío, particularmente aquellas relacionadas con la familia y la crianza de los hijos.
Los testimonios sobre la infancia en Cahuala y la denuncia por la muerte de un adolescente
El sobrino del fundador también cuestionó el papel que desempeñaba María Alejandra Pinto, conocida como la “Jefa”, en la relación de los niños con sus padres.
“Lo que producía era que las hijas y los hijos de Cahuala quedaban colgados maternalmente a la jefa Alejandra. (…) Entonces, digamos que los padres ya quedan desvinculados de sus propios hijos. Entonces, el concepto de destrucción de vínculo generó muchísimo daño en la propia comunidad”, sostuvo.
Estos cuestionamientos también aparecen en el testimonio de una mujer que nació y vivió sus primeros diez años en Cahuala. En conversación con Reportajes de Teletrece, relató que las muestras de afecto hacia sus padres podían desencadenar burlas y humillaciones por parte de otros integrantes.
“Si yo abrazaba a mi mamá o a mi papá, eso desencadena una humillación, literalmente bullying. Incluso sentía más miedo de acercarme a mi mamá y a mi papá por miedo a que se fuera a opinar que soy débil”, afirmó.
Por otro lado, el abogado querellante Rodrigo Zegers señaló que la causa también contempla denuncias por otros hechos graves, entre ellos la muerte de un adolescente.
“Hubo una muerte de un muchacho, un adolescente aquí en este propio lago, en que el jefe autorizó a que hiciera navegación en un día extremadamente tormentoso, que se investiga también un entierro clandestino que supimos que ocurrió”, afirmó.
Ambos antecedentes fueron mencionados en el reportaje como hechos que se busca esclarecer en el marco de la investigación.
La investigación judicial contra los líderes de Cahuala
Enrique Urrutia y María Alejandra Pinto fueron formalizados por trata de personas con fines de explotación laboral.
En tanto, la defensa de los líderes de la secta cuestionó las acusaciones y sostuvo que quienes llegaron a la comunidad lo hicieron voluntariamente.
“Las supuestas víctimas llegaron con 27, 28 años, profesionales universitarios, que llegaron absolutamente por sus medios, que llegaron con conocimiento, con consentimiento. Que ahora se hayan arrepentido o no les guste o les dé vergüenza, es otro tema”, afirmó el abogado defensor Juan Cristóbal Grünwald.
La causa continúa abierta. Según los antecedentes entregados anteriormente por la Fiscalía a Reportajes Teletrece, existen diligencias pendientes y el Ministerio Público no descartó la posibilidad de imputar nuevos hechos a los líderes de la comunidad.
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