Las denuncias contra la secta de Cahuala, en Chiloé, sumaron nuevos antecedentes en la segunda parte de Reportajes Teletrece, emitida durante la noche de este martes.
Mientras exintegrantes relataron presuntos abusos y describieron las reglas que regían la vida dentro de la comunidad, la defensa de los líderes de la secta cuestionó las acusaciones y entregó su versión sobre las circunstancias en que las personas llegaron a vivir al lugar.
Enrique Urrutia Aburto, fundador de la agrupación a fines de los años 80 y conocido al interior de ella como el “Jefe”, es uno de los principales apuntados en las denuncias. Por su parte, María Alejandra Pinto, llamada la “Jefa” por los integrantes, también figura entre las personas investigadas en la causa por presunta trata de personas con fines de explotación laboral.
Entre las denuncias contra los líderes de Cahuala, exintegrantes han acusado que se prohibía a las madres amamantar y mantener vínculos con sus hijos, además de relatar presuntos abusos sexuales.
Una mujer que nació y pasó sus primeros diez años en la comunidad describió cómo vivía la relación con sus padres.
“No era lo mismo si yo abrazaba a una persona X que si yo abrazaba a mi mamá o a mi papá. Si yo abrazaba a mi mamá o a mi papá, eso desencadenaba una humillación, literalmente bullying. Incluso sentía más miedo de acercarme a mi mamá y a mi papá por miedo a que se fuera a opinar que soy débil”, relató.
Otras acusaciones también sostienen que Enrique Urrutia controlaba las relaciones íntimas dentro de la comunidad y que solo permitía a las parejas mantener relaciones sexuales cuando el objetivo era procrear.
“Solo él autorizaba cuando las parejas podían tener vida sexual. La única persona autorizada para penetrar era él. Lo demás no estaba permitido, salvo cuando él autorizaba que se tuvieran niños, cuando se tuvieran guaguas”, afirmó el abogado querellante Rodrigo Zegers .
Defensa de líderes de secta Cahuala responde a denuncias
Frente a estas acusaciones, el abogado defensor de los líderes de Cahuala, Juan Cristóbal Grünwald, cuestionó los relatos de los exintegrantes y sostuvo que quienes llegaron a la comunidad lo hicieron voluntariamente.
“Las supuestas víctimas llegaron con 27, 28 años, profesionales universitarios, que llegaron absolutamente por sus medios, que llegaron con conocimiento, con consentimiento. Que ahora se hayan arrepentido o no les guste o les dé vergüenza, es otro tema”, afirmó.
El abogado también puso en duda que se pueda acreditar la existencia de explotación al interior de la comunidad.
“Nos imaginamos que es algo muy difícil de acreditar, que haya habido algún tipo de explotación. Obviamente que sí, en Cahuala se vive de una forma un poco distinta”, sostuvo.
Enrique Urrutia y María Alejandra Pinto, figuras protagonistas de la secta Cahuala, fueron formalizados por trata de personas con fines de explotación laboral.
Esto, ya que la querella sostiene que los integrantes de la comunidad trabajaban en distintas actividades relacionadas con sus negocios y proyectos, entre ellos un colegio, a cambio de mesadas que llegaban a los $40 mil. Según los antecedentes expuestos en el reportaje, Cahuala también desarrolló una red de sociedades y emprendimientos.
Según los antecedentes entregados por la Fiscalía en el marco del reportaje anterior, todavía existen diligencias pendientes. El Ministerio Público no descartó entonces la posibilidad de imputar nuevos hechos a los líderes de la comunidad.
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