Durante varios meses, alumnos de decenas de escuelas del país participaron en un proyecto simple pero simbólico: grabar su lugar favorito de la ciudad donde viven. Entre ellos, un grupo de niños y niñas de Lirquén, en la Región del Biobío, que sin saberlo registraron lo que hoy ya no existe.
Hasta antes del 17 de enero, esos registros eran solo parte de un ejercicio escolar de cine documental. Imágenes de plazas, playas, poblaciones y cerros; recorridos cotidianos narrados con la mirada de la infancia.
“Esta es mi población, se llama Vista Hermosa”, dice uno de los niños mientras muestra orgulloso el entorno donde creció. El destino querría que ese entorno cambiara para siempre.
El proyecto, titulado “En el lugar donde yo vivo: Cartas documentales”, fue enviado a Gaticine y reunió más de 70 capítulos protagonizados por estudiantes de distintas zonas del país. El contraste era parte del valor: niños del desierto junto a otros del sur, del mar y de la cordillera. Pero uno de esos capítulos quedó marcado por la tragedia.
En Lirquén, 17 estudiantes de séptimo básico de la Escuela Almirante Patricio Lynch salieron a grabar su entorno. La mayoría eligió la playa, los bosques, los árboles y la naturaleza que rodeaba sus hogares. Hoy, esos registros se transformaron en un testimonio valioso e irremplazable de lo que es y fue Lirquén.
Según relatan desde el establecimiento, solo en esa escuela 105 alumnos perdieron completamente sus viviendas a causa de los incendios. Michelle es una de ellas. Al hablar de lo que perdió, no menciona ropa ni zapatillas: extraña sus medallas de gimnasia, esos objetos que representaban esfuerzo y orgullo personal.
Tras la emergencia, la cancha del colegio se llenó de ropa y zapatos donados. Desde allí, la vista hacia los cerros ya no es la misma. El paisaje que los niños mostraron en sus videos cambió de forma drástica.
La profesora del curso se hace una pregunta inevitable: ¿Qué mostrarían hoy los niños y niñas de Lirquén si volvieran a grabar su lugar favorito? Aun así, tiene una certeza: esta tragedia va a terminar. Y confía en que, con el tiempo, esos mismos niños puedan volver a mirar su territorio con orgullo y registrar un nuevo Lirquén, reconstruido desde la esperanza.