El senador Carlos Montes no sale de su casa y del pasaje donde vive desde marzo. Tiene una enfermedad crónica que no le permite hacerlo en tiempos de pandemia. Ni siquiera para hacer un par de comprar en el supermercado, lo que dice, entre risas, ha sido una gran prueba de fuego para él y su mujer. “Pero esto se acabó. En septiembre voy a partir una nueva etapa y asegurar algunas actividades fuera, comenzar a ir al Congreso después del 18”, afirma, mientras insiste que todos debemos comportarnos de una manera distinta, empezar a tener seguridad en estas nuevas formas.

En esta entrevista el senador no elude ningún tema. Dice que no es el momento para hablar de candidaturas, pero valora que algunos piensen en él para ser candidato presidencial. Recalca que se está gestando una nueva forma de hacer política, que incluye un Congreso distinto, y una horizontalidad mayor entre la gente y las instituciones. Aquí, también, habla de la contingencia: critica al gobierno de Piñera por escuchar poco y por cometer errores que costaron vidas y el sufrimiento de muchas personas. Cuestiona la inexperiencia política de los ministros Briones y Figueroa y hace un llamado a que los titulares de Interior y Relaciones Exteriores dejen de ser senadores y se conviertan en ministros de estado.

-Senador qué tal está el ambiente en el país. ¿Cómo lo percibe?

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-Percibo que el ambiente esta revuelto. Debiera haber una base de entendimiento mucho más sólida que la que hay en distintos temas. En lo económico, en lo que es reactivación, en la protección social, en lo sanitario y en educación. Creo que es muy difícil el diálogo con un gobierno inseguro, con un gobierno que tiene poca seguridad en sí mismo. Entonces, con cualquier intento de decir 'no pensamos como ustedes', el gobierno se pone absolutamente a la defensiva, lo que hace la conversación imposible. En otros casos se pasa de vivo, y quiere llevar las cosas a ángulos que no son los que exactamente se están planteando. El Ejecutivo está siendo poco considerado del rol de los que piensan distinto a él.  

-¿A qué atribuye que el ambiente de diálogo se haya quebrado?

-Creo que en parte es porque los problemas reales son tremendamente complejos, y no hay soluciones únicas y eso influye en la inseguridad de quien está en el mando en el país. Pero, por ejemplo, en todo lo que fue protección social, nuestra intuición y los antecedentes de varios expertos era que el camino que se estaba optando era inadecuado y la respuesta del ministro Briones fue que aquí se aprobaba solo lo que dijo el gobierno, para el primer Ingreso Familiar de Emergencia (IFE 1). Eso generó una dificultad de conversación muy grande, y se han mantenido cosas de ese tipo en el tiempo. En el caso de educación veo a un ministro muy inseguro, de no buscar soluciones. En lo sanitario hasta cambió el ministro, porque ahí hubo diferencias (…) yo todavía no entiendo cómo no se recurre a lo principal que tiene Chile, que es la capacidad desde la comuna de generar una visión, solidaridad, responsabilidad de todos. Alguien pensó que bastaba con una conferencia de prensa una vez al día los ministros. Aquí se requiere espacios de conversación con calma y sin defensas, e inseguridades tan fuertes.

-Usted en el gobierno era considerado un interlocutor válido en la oposición, un hombre con el que se podía conversar y llegar a acuerdos. ¿Por qué cambió?

-He tenido distintas frustraciones (…) temas que uno pone y no pueden conversarse. Uno no siempre tiene la razón, pero no se pueden conversar, y se usan distintos tipos de acciones para impedirlo. En lo que se refiere a protección social y en lo sanitario me duele demasiado profundamente el no haber hecho las cosas como correspondía, porque eso se ha traducido en gente que yo conozco que ha muerto o ha sufrido mucho. Yo soy de La Florida, en La Florida han muerto casi 500 personas, de las cuales yo conozco a muchas que murieron por cosas que no se hicieron bien. Esto no es una discusión solo de opciones políticas, sino que de opciones humanas. Creo que todo el tiempo que perdimos de no haber hecho protección social real tuvo un costo muy alto.

-Ahora para el IFE, que fue según sus palabras el punto de inflexión, economistas de su propio sector consideraban que tenía que ser de $75 mil pesos, un poco más que lo propuesto por el gobierno, y según Hacienda era difícil proyectar lo duro de la pandemia.

-Creo que eso es válido en el segundo mes. Le acepto algo para el tercer mes, pero al cuarto, quinto, creo que la realidad y experiencia internacional hay que tenerla más presente. No acepto ese argumento para el Bono Covid de $ 50 mil pesos, que creo que fue el principal error del gobierno, porque ahí deberíamos haber acordado la ayuda por varios meses. Yo soy muy partidario de los acuerdos, de buscar soluciones, pero no de los acuerdos por los acuerdos, sino que para resolver situaciones, y conseguir ciertos propósitos.

-Algunos incluso al interior de la oposición consideran que se ha movido al extremo.

-Sé perfectamente quienes dicen eso, son poquitos parlamentarios que han optado por una relación total con el gobierno. Yo diría que ellos están en el otro extremo.

-En los últimos días se ha notado la profunda tensión que existe entre usted y el ministro Ignacio Briones. ¿Qué cambió en su vínculo con el titular de Hacienda?

-Nunca he tenido mayor vínculo con él, lo conocí recién cuando se fue a sentar con nosotros  para decirnos su opinión de la reforma tributaria del anterior gobierno. Cuando vino con la reforma tributaria ahora, no nos aceptó buena parte de las cosas que planteamos, pero quisimos buscar soluciones. Incluso en la conferencia de prensa se presentaron cosas que no estaban acordados, lo que me pareció una gran agresión. Es algo que se lo he dicho varias veces al ministro de Hacienda. Significó un subsidio de US$ 178 millones que nunca acordamos. Pero uno va construyendo. El primer gran problema vino después a propósito del IFE, y ahora, en opinión nuestra, de no querer hacerse cargo de las pymes porque creen que las pymes no son muy reactivadoras. No siento ningún problema personal con el ministro, pero sí de contenido, a pesar de que tiene mucho mejor trato que otros ministros.

-Las tensiones se sintieron también con el proyecto de reactivación, con las medidas tributarias que terminó en comisión mixta.

-El problema del ministro Briones es que le cuesta asumir que hay propuestas que no son las que él propone. Conversar dentro de la diversidad le cuesta. La actitud frente a nuestra propuesta en este tema no fue una buena actitud. No la consideró. Fue muy duro para nosotros.

-¿A qué lo atribuye?

-Creo que se sintió su inexperiencia cuando no aceptó tener una conversación antes de la votación. Al final en la comisión mixta no pasó nada. No fuimos escuchados.

-¿Y eso no fue falta de muñeca política de la oposición?

-En parte, tiene razón. Creo que no se configuraron mayorías claras para una determinada dirección. Pero el ministro fue demasiado rígido. El endurecimiento del gobierno también le afecta al ministro de Hacienda. Si ponemos una discusión de economistas si va a ser tan reactivador bajar el impuesto de primera categoría o la depreciación instantánea, hay harta gente que cree que el efecto es bastante marginal, y que habría otras medidas más directas. A pesar de todo, le aprobamos porque era parte de un acuerdo que habíamos tomado el 14 de junio.

-¿Ahora rechazar era dejar de lado al mundo pyme, no?

-Algunas pymes nos pidieron que rechazáramos. Las que se benefician con esto es un submundo de pymes muy reducido, pero era parte del acuerdo, aunque no nos gustara.

-¿Cuánta responsabilidad le asigna al presidente Piñera en la situación actual?

-El presidente es tan cambiante, que no podría decir: el presidente provocó esto. Sé que en el gobierno hay un núcleo muy duro. Para afuera son Allamand y Pérez, y para dentro todos lo identifican con Larroulet. Para el PS ir a la mesa de conversaciones del plan de emergencia (en junio pasado) no fue nada de fácil, nadie confiaba que podíamos conseguir algo. Logramos poco, pero intentamos contribuir. Lo importante es que hay una necesidad de tener más acuerdos, pero supone actitudes más dialogantes.

Ministros al banquillo

-Hay gente que cree que la oposición quiere que al gobierno le vaya mal.

-¡Cómo voy a creer eso! Como voy a querer que a Chile le vaya mal en lo sanitario, en la protección social, con las pymes, son temas nacionales. Es absurdo pensarlo. Además se nos está muriendo gente muy cercana. Esto no es solo una cuestión política, sino que tiene que ver con las vivencias. La cantidad de personas que tuvieron un tratamiento largo, intubada, producto que tenía que ir a trabajar todos los días es grande, y contagió a mucha gente. Yo quiero que al gobierno le resulte el plebiscito, soy de los que quiere que el presidente termine, porque si no se generaría una gran crisis nacional. En el estallido el PS insistió en eso: que Piñera debía terminar.

-En la oposición recalcan que el problema del endurecimiento no son los ministros sino que el mandatario

-No quiero hacer distinciones. Veo gente como Cristián Monckeberg que tiende a buscar más conversación y tiene otra aproximación a estas cosas. Pero nunca se me va a olvidar que cuando estábamos en plena discusión producto del estallido, hubo personajes dentro del gobierno que decían: esto se va a desgastar solo, dejémoslo que evolucione; para ellos era mejor no tener ningún acuerdo como el del 15 de noviembre, ningún entendimiento de transformaciones constitucionales. Esa misma gente sigue existiendo en el gobierno. Son núcleos duros que a veces influyen más, otras menos.

-¿Qué le parece la actuación de los nuevos ministros del Interior y Relaciones Exteriores?

 -Bueno, están actuando todavía como senadores, esperemos que sean luego ministros. Veo a Allamand metiéndose en temas del ministerio del Interior. Yo les pediría que sean ministros de estado, y no senadores de gobierno. Un senador está en la pelea permanente, el ministro tiene que tener una perspectiva de conjunto para el país. Encontré que la forma que entraron al tema migraciones estuvo mal, los dos salen a declarar en una ley que estaba en proceso, que había tres versiones. Ellos trataron de decir que estábamos abriendo el país indiscriminadamente, sin ningún rigor y seriedad, que no era verdad en ninguno de los tres informes. Ojala que no se siga repitiendo. Allamand no puede querer ser canciller y además el portavoz del rechazo.

-¿Deberían autolimitarse?

-Siempre hemos dicho que los ministros después de sus horas de ministro pueden hacer lo que quieran. El que se opuso a eso y presentó un reclamo fue el propio Allamand. El ministro puede participar en política, pero tiene responsabilidades de estado. Desde su cartera tiene que ayudar a gente que va a querer votar desde el exterior. Ahora, yo no quiero enredarme en estas cosas que al final son chicas, lo importante es enfrentar los problemas del país, no seguir con el problema sanitario y que no quede ninguna familia fuera de la protección social que corresponda que la tenga. Nosotros todavía no sabemos cuántas familias han entrado y cuántas no. Hemos propuesto que obligatoriamente se hagan reportes, y aun no podemos saberlo, porque el modelo que se opto fue sector por sector…

“Los super ricos deben colaborar”

-El Senado siempre fue percibido como un lugar donde se puede conversar de verdad, con altura de miras…incluso se decía que los errores en la Cámara terminaban solucionándose en el Senado. Pero ahora algunos consideran que la Cámara Alta se ha vuelto populista. ¿Hay algo de eso?

-Eso está referido al tema del 10% previsional. Se dice que el senado fue populista porque lo aprobó. Lo que muchos no entendieron era que había una tensión entre una necesidad muy fuerte, la realidad, y el gobierno tenía una mala propuesta para la clase media. Por eso el senado tomo la opción. La vida demostró que no provocó los caos que se proyectaban. Es injusto llamarle populismo a eso. Ahora, hay otros que entienden populismo al hecho de no estar de acuerdo con el gobierno

-¿Cuán preocupado está usted y sus pares de las redes sociales?

-Hay algunos que les influye mucho, otros que ni siquiera las vemos. Creo que las redes sociales son lo que son, es bueno saber lo que pase ahí, para medir el ambiente en un determinado momento. No creo que sea tan exagerado su uso como algunos plantean…sí le podría hacer una lista de senadores que los determinan en su última opinión, pero no creo que sea más allá de un 10% de los senadores.

-¿Cuál es su posición sobre el impuesto a las grandes fortunas, que es resistido por el mundo técnico? 

-Aquí hay dos cosas. Una, que es legítimo y razonable que en una situación de crisis como la que está viviendo Chile, los super ricos aporten de manera significativa. Cuando discutimos la reforma tributaria se lo presentamos al ministro Briones, a fines del año pasado. Le dijimos que a las ganancias de capital y a los super ricos debería haber algo mucho más relevante. Le propusimos una modalidad por una sola vez, una manera de calcular el patrimonio, lo estudiamos. Y el ministro nos dijo no, no, no. Nosotros sabemos que la iniciativa en materia tributaria la tiene el gobierno, ese es el problema. Ahora se plantea otro camino, a través de un artículo transitorio de la constitución, que es un resquicio ante la ausencia de un dialogo efectivo de cómo se va a financiar esta crisis. El camino a mi personalmente no me parece un buen camino.

-El ministerio ha planteado en vez un ambicioso plan de exenciones…

-El tema de revisar las exenciones tributarias no partió de Briones, partió de nosotros. Ahí hay hartos recursos. En el tema de las franquicias tributarias son cerca de US$ 10 mil millones. En el tema de evasión y elusión se estima en US$ 21 mil millones, y no hemos hecho nada muy serio respecto de esto. Hay que esperar la propuesta del gobierno, para ver qué vamos a hacer, pero creo que el ministro debe abrirse a alternativas. que proponga otra formula.

-¿Quedaría conforme con un gran plan con exenciones y evasión?

-En ninguna parte ha resultado el impuesto sobre las fortunas, pero hay que asegurar un plan que por una sola vez los más ricos hagan un aporte. Una fórmula que podrían incluso ser consensuada con algunos de los más ricos. Pero el gobierno no se abre el dialogo, simplemente porque algunos dicen que no se toque esto.

-Para entenderle bien si no aparece un proyecto contundente alternativo ¿usted estaría o no disponible para apoyar el proyecto presentado por la oposición?

-Ese proyecto creo que es inviable. Tiene miles de defectos y problemas. Además, le reitero que en materia tributaria creo que hay que ser lo más riguroso posible. Lamento que el gobierno haya sido tan poco activo en elusión y evasión, en franquicias tributarias, que son básicamente mercado de capitales.

“Lo mejor para los niños es volver”

-Desde el ministerio de Educación afirman que hay una resistencia profunda a pensar en el regreso a clases.

-Creo que a diferencia de lo que algunos dicen, todos quisiéramos volver, y hay que construir esas condiciones. Es lo mejor para el bienestar de los niños, el tema es hacerlo bien. Creo que el ministerio se enreda y polariza las discusiones. La inexperiencia política a veces juega en contra.

-¿La inexperiencia del ministro Raúl Figueroa?

-Yo encuentro, porque qué le hubiese costado armar un espacio de conversación con los actores. Hoy lo tienen bloqueado, tiene un paro contra el regreso a clases, como puede ser tan absurdo eso. Pero así empieza.

-¿Hay que plantear el regreso a clases con más fuerza?

-Todos pensamos que debiéramos volver a clases. Por los niños. Volver a clases lo antes posible, pero cuando las condiciones lo permitan. La discusión no es que algunos quieran y otros no quieren que se concrete el regreso. Ese es un falso debate. La pregunta fundamental es cómo hacerlo, cuándo, quiénes primero y quienes después, y con qué apoyo del ministerio. Le he dicho al ministro varias veces que él polarizo el debate. Hay que entregarles a las comunidades escolares el poder de la decisión del cómo y el cuándo. No basta con una instrucción desde arriba.

-¿Por qué zonas sin contagios no pueden volver con facilidad? Áreas como como Aysén o Chiloé con bajos niveles de contagio…

-Yo le digo queremos volver, queremos volver en condiciones seguras. Si hay zonas donde hay seguridad yo creo que hay que avanzar, pero esto debe generarse con diálogo. El ministerio con toda la plata que tiene, su incidencia en 11 mil establecimientos en Chile, que tiene una posibilidad de ser un motor en la apertura del país, no lo ha hecho. Yo por eso responsabilizo bastante al ministro. He sabido que ni siquiera hay mantención en los colegios. El ministerio ha sido ambiguo incluso en cómo se va a manejar el tema de la subvención; la asistencia, cuáles serán la bases de exigencias curriculares.

¿Futuro candidato presidencial?

-Qué opina, senador, de la crítica permanente de la izquierda al mundo de la concertación. ¿Usted en particular se siente orgulloso de haber pertenecido a ella?

-La concertación tiene distintos momentos, algunos momentos mejores, y momentos peores. Creo que la opción inicial de cómo se iba a ser la transición, que era creciendo, creciendo, y creciendo, subordinando otras cosas a crecer para enfrentar el tema de la pobreza e instalar la democracia, que yo le llamaría proyecto Boheninger, fue muy acertado para el momento de la historia. Hubo un momento posterior que la concertación no estuvo bien, que no logro encontrar un camino, hasta que Michelle Bachelet en su segundo gobierno dice hay que hacer transformaciones estructurales. No podíamos seguir con la inercia de lo que teníamos porque eso había tocado techo. Fue muy acertada esa opción política pese a que tuvo problemas en su implementación.

-Es una valoración con reparos…

-Yo valoro mucho lo que fue la Concertación. Tengo profundas críticas. Se debió fortalecer la educación pública; también fue un error haber abandonado a las pymes como parte de una estrategia global de desarrollo.

-La DC adelantó para septiembre su definición presidencial, y usted en julio pasado dijo que era una falta de respeto ponerse hablar hoy de candidaturas. ¿Ha cambiado su postura?

-Creo que la pandemia, protección social, pymes, reactivación, y plebiscito obligan a tener mucha unidad en función de estos objetivos, al menos de la oposición, a tratar de influir en un gobierno que le cuesta acoger lo que no es de ellos. Esos son los objetivos hoy. Respecto al tema presidencial no es un problema de sentarse en una oficina y tomar una decisión, son procesos que tienen que ir ligado a lo que está ocurriendo. En ese sentido, no usaría la palabra respeto, pero creo que no es el momento más apropiado.  

-Y si el PS le pide ser candidato presidencial, ¿cuál sería su respuesta?

-Yo no soy candidato. No estoy en eso. Valoro que haya gente que me haya mencionado, pero no es en lo que he estado.

-¿Pero el PS le va a dar 'la pasada' en esta ocasión?

-No sé. Todo esto es ciencia ficción. La realidad hay que verla en la realidad. Mi actitud, mi posición, mi proyecto personal, mi vida está en otro sentido.

-¿Si ya decidió no ser senador, como se ve para delante?

-Uno puede hacer distintas cosas en la sociedad, el que piensa que siempre tiene que ir un escalón hacia arriba, no es mi manera. Fui candidato a senador siempre pensando que lo más probable era que no saliera. Me pidieron, lo hice, y salí. En lo parlamentario siento un cierto agotamiento de formas de hacer las cosas, y creo que es bueno que lleguen otros.

-Cuál es su apuesta ¿cree que finalmente Chile elegirá a un candidato de extremos o el centro va a primar en la decisión de los votantes en la presidencial?

-Creo que hay un tremendo espacio para el socialismo democrático, la social democracia que permitiría configurar no solo una candidatura sino que un programa para que Chile recupere una senda de desarrollo, de integración social, de menor desigualdad. El problema es si hay capacidad política para expresarlo políticamente, socialmente, culturalmente, en una sociedad donde hay mucha ambivalencia, porque hay gente que no puede ver el neoliberalismo como lógica, como sentido de que cada cual se las arregla solo, pero no le vayan a tocar ningún beneficio que hayan obtenido con el neoliberalismo. Hay que tenerlo presente para construir un proyecto de transformaciones en el sentido socialista. 

-¿Como es su relación con el Frente Amplio, ve posibilidad de pactos con el PS en la presidencial y parlamentaria?

-Cada día se han ido abriendo posibilidades de tener conversaciones en esa dirección, no están maduras pero se está avanzando.

-Usted ha hablado de una nueva forma de hacer política. ¿A qué se refiere?

-Fíjese que cada día la siento más, y pienso que está muy ligado al concepto de la democracia. Estoy convencido que tiene que haber un cambio en las instituciones fundamental. O sea el parlamento no puede seguir igual: un grupo que se encierra a discutir las leyes, separado de los procesos que hay en la sociedad, que se demora mucho, porque son complejas las cosas. Creo que el parlamento tiene que insertarse en la vida nacional en un dialogo con la sociedad distinto. Lo mismo los municipios, que hoy tienen harto crédito, porque dan beneficios, pero a muchas personas les hacen sentir que las cosas son del alcalde y no de la propia sociedad. Los partidos antes eran una instancia donde se planteaba algo, y la gente tenía que decir qué bien. Hoy la relación es mucho más horizontal. En todos estos sentidos creo que hay una nueva política en gestación que tiene que ver con una democracia más deliberativa, con instituciones menos impositivas sobre la gente, y más integrados con los procesos de la sociedad.

-¿Esto en su opinión es un fenómeno extendido?

-En Europa he tenido conversaciones. Hay un centro que se creó en Florencia con italianos, franceses y españoles que se dedican nada más que a pensar esto. A mi me ha motivado mucho el concepto de democracia que están recreando, como un concepto que tenemos que relacionar de una manera más horizontal, que se sientan más involucrados en lo que le es propio. Un dialogo entre la elite y las personas distinto, lo que supone instituciones que lo promuevan. Hay un cambio en ciernes muy potente para hacer política respecto a la democracia y la modernidad. Esto de tener tanta reunión por zoom, hace algunos meses era imposible. Yo tengo 3, 4 o 5 al día. Esto también va a ayudar a un tipo de dialogo. Es un cambio, y la política tiene que asumir más democrático, y más moderno, en un proyecto transformador.

-¿Que riesgos ve para el plebiscito?

-Los riesgos principales son dos. Si la pandemia recrudece va a obligar a revisarlo, pero tengo confianza que se va a controlar. Si no fuera así, es porque el gobierno hizo las cosas mal. Lo otro es que creo que hay gente dedicada a meter susto, generar temores, a exacerbar los riesgos, particularmente gente ligada al gobierno. Yo le pediría al ministro del Interior que fuera mucho más proactivo en cómo evitar los riesgos. Al Servel le falta dinamismo, tiene autonomía, debería estar a la cabeza de cómo hacer las cosas mejor. Las instituciones deber ser más proactivas, en función de darle seguridad a la ciudadanía. El plebiscito es una responsabilidad constitucional, que fue producto de un entendimiento. Hay que crear un cuadro de confianza en estos sesenta y tantos días que quedan, que permita que todo el mundo sienta que esto es importante para Chile y que se debe participar.

-Considerando lo que ha sucedido con el retiro del 10% ¿considera que la oposición está en pie para insistir que el 6% de cotización adicional vaya a un fondo colectivo?

-Se tiene que construir un sistema mejor para todos. Y para esto se requiere que el 6% vaya a un fondo solidario. Esto tiene que ver con mejoras a los actuales pensionados y los que se van a pensionar en el futuro. Sé que en algunos aspectos puede ser medio a contramarea, porque hay gente que siente que la plata es de ella.

-Claro, y el propio proyecto de Michelle Bachelet proponía una fórmula mixta.

-Pero lo hizo sin un estallido social, y sin una distancia tan fuerte de la sociedad con la falta de solidaridad y responsabilidad de unos por otros. Tenemos que conversar, y la oposición quiere conversar y va a insistir en el punto con mucha fuerza.

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