—Sebastián Piñera hizo su campaña focalizada en mensajes hacia la clase media. Usted representa a una comuna simbólica de ese segmento. ¿Cumplió el gobierno con sus promesas?

—Yo creo que nunca entendieron a la clase media. No tengo una mala opinión del Presidente Piñera, creo que ha hecho su mejor esfuerzo. El Presidente está viviendo una etapa muy dura de su vida, pero también es cierto que él tomó la decisión de hacer un gobierno nuevamente de elite. De verdad creo que es gente buena y bien intencionada, pero no tienen idea cómo funciona el Chile real. Solamente el tema de los bonos durante el Covid, que finalmente terminamos con el 10%, demuestra la ceguera de esa élite que cree que se gobierna el país con una planilla de excel.

—Usted ha dicho que ya no podemos vivir nuevos “gobiernos de cartón”, ¿dice también que este es uno de ellos?

—Es un gobierno que dijo que iba a hacer cosas, no las hizo, le cuesta entenderlo, pero es el gobierno de todos los chilenos y dada la crisis que estamos viviendo -más allá de lo decepcionado que esté del gobierno- mi obligación es ayudarlo. Yo no le voy a dar más palos a un gobierno que ya tiene suficientes problemas, pero sí me hago cargo de que las promesas que se hicieron en la campaña presidencial no se cumplieron. Lo importante ahora es que no podemos vivir de nuevo en un gobierno que en un estallido social esté a pocos minutos de caer. El Presidente Piñera estuvo a pocos minutos de terminar de la peor forma, como De la Rúa en 2001. Esa lección la tenemos que aprender y se necesita para el futuro un gobierno fuerte, respetado y respetable. Fuerte en convicciones, en sueños, con mensajes claros, que nos diga que va a proteger a la clase media, pero a la mitad del camino la abandona. Respetado por la coherencia de su mensaje, de que lo que dice es lo que se hace. Respetable porque su conducta es irreprochable.

—Usted también en la segunda campaña del Presidente Piñera, ¿esa campaña le pareció bien entonces, pero disiente de la ejecución del programa?

—Me invitaron como el negrito de Harvard a la campaña porque era útil, pero después era incómodo. No cuadraba en la foto oficial del curso del Verbo Divino.

—¿Le dolió que no lo nombraran ministro?

—Sí, me dolió. Pero más que no me nombraran... porque efectivamente el Presidente tiene todo el derecho de elegir a su equipo como mejor le parezca, y son equilibrios, son personalidades, yo no soy del gusto del Presidente porque soy un poco impredecible, probablemente, a la lógica de La Moneda, pero el punto es que nadie me llamó, nadie me dijo ‘oye, no se dio’. Simplemente me trataron como un vendedor de celular... en su minuto vendí harto celular porque en época de campaña era conveniente tenerme en la foto, y después se olvidaron. Si me hubiese nombrado ministro quizás hoy estaría cesante y con una carrera política fracasada. Porque ese es un gobierno que no le ha ido bien en generación de liderazgos. El que no me hayan llevado a La Moneda fue lo mejor que me pudo pasar.

Plebiscito: mantendrá en privado su opción para no influir en la gente

—¿Cómo ha visto el debate de cara al plebiscito y la irrupción de Pablo Longueira en el Apruebo?

—He visto poco la franja, y es bastante mala, muy fundada en el miedo. La gente está preocupada de la salud o el empleo, pero lo importante es que para el 25 de octubre concurra a votar la mayor cantidad de gente por cualquiera de las dos opciones. Yo, como alcalde, me las voy a jugar para dar garantías porque todos participen. Lo que no puede pasar es que vote poca gente y que el resultado, cualquiera este sea, no sea legítimo. Respecto a la participación de Pablo, él tiene una mirada interesante, pero que no es compartida por toda la derecha, que es decir ‘mire, más vale ser parte del Apruebo y pelear la elección de constituyentes en abril para redactar una buena Constitución’. Es verdad que hoy vivimos con una pistola en la cabeza. Hoy si no eres del Apruebo, eres un fascista, un retardado. Ese ambiente crispado que ha generado la izquierda a la derecha más dura le hace no ceder en las ganas de votar por el Rechazo. Yo no sé cuánto Pablo logrará mover la aguja electoral en la derecha, pero le concedo que, en términos estratégicos, tiene razón. Lo importante no va a ser el Apruebo o el Rechazo sino la elección de los constituyentes en abril. 

—¿Ya ha tomado una decisión de cómo va a votar el 25 de octubre? Usted dijo que tomaría una definición luego del 18 de septiembre.

—Yo tengo una posición bastante tomada. Pero voy a honrar lo que la Contraloría nos ha dicho a todos los alcaldes que somos garantes y que no debemos participar en la campaña. Hay que tener cuidado con el talentoso señor Bermúdez, porque quizás qué teoría inventa. Y, eventualmente, pocos días antes del plebiscito, voy a decir mi opción. Y no por miedo sino porque estoy convencido de que esta tiene que ser la primera elección en donde los patrones de fundo, de la izquierda y de la derecha, se queden callados. Cada familia evaluará si esta Constitución del 80 es buena o mala, si le ha dado o no progreso a Chile y si lo que vamos a tener en los próximos dos años -yo dudo que la Convención dure dos años, porque la del año 25 se demoró siete años en estar terminada- es un proceso que vale la pena vivir.

—¿Y qué dice cuando la gente le pregunta en la calle qué votará?

—Respondo que voy a votar libremente, conforme a lo que yo crea que sea mejor para mi país, al igual que usted. Yo de verdad tengo que ser muy respetuoso de la decisión de cada uno. Y lo voy a contar en su minuto porque no quiero hacerme el loco, pero las personas pueden tomar decisiones sin que yo se lo diga.

—¿Usted ve interés de la gente en el plebiscito?

—Sí, pero no es lo más importante. Es fundamental que participe la mayor cantidad de gente, porque sí creo que un plebiscito masivo y ojalá sin violencia desactive la posibilidad de un estallido social 2, que es lo peor que nos podría pasar a fin de año.

—¿Por qué cree se desactivaría?

—Si este es un proceso pacífico, donde la mayoría de la gente vote tranquila, la gente va a entender que se cumplió con una etapa y al día siguiente nos vamos a reconstruir un país que está profundamente herido. La única manera de quitarle odiosidad a este proceso que le ha puesto a la izquierda es que este proceso sea lo más pacífico, transparente y masivo posible.

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