Una multitud de tiburones arrasa con un banco de anchoas con sólo arrear a los pequeños peces hasta para que forman una especie de bola a la que luego atacan desde todas direcciones.

Esta increíble habilidad para la caza filmada por la BBC ha contribuido a su reputación de mortífero animal.

Pero pese a ser protagonista de no pocas películas, la vieja familia de los escuálidos, conformada por 150 especies, sigue siendo un misterio.

Ahora los científicos están comenzado a conseguir una fotografía algo más completa de la increíble vida de los tiburones y su importancia global.

La BBC habló con tres mujeres que están cambiando cómo el mundo ve a los escuálidos.

Alison Kock: gran tiburón blanco

Kock estudia la más icónica de las especies de la familia de los escuálidos, el gran tiburón blanco, por años acusado de ser un monstruo devorador de humanos.

Trabaja como gerente de investigación de Shark Spotters, que opera un sistema de alerta para nadadores en Ciudad del Cabo, Sudáfrica.

El gran tiburón blanco tiene fama de ser un monstruo devoraror de seres humanos.

El gran tiburón blanco es una especie amenazada y al tiempo la responsable de la mayoría de los ataques a humanos reportados.

Aunque son extremadamente raros, esos incidentes han llevado a que muchos tiburones acabaran siendo sacrificados o recluidos. El público en general ha acabado perdiendo la compasión por ellos.

Desde que comenzó en 2004, el sistema alertó de la presencia de tiburones en 1.700 ocasiones y también hizo descubrimientos sobre sus hábitos cazadores.

El gran tiburón blanco es el más temido de los escuálidos.

Para Kock, esta estrategia de prevenir los ataques funcionó también para transformar las actitudes hacia los tiburones.

"La mayoría ahora está en contra de los sacrificios y apoyan soluciones no letales y ecológicas para mantenerlos a salvo", dice.

Kock descubrió que se reúnen en diferentes áreas según la estación del año y que suelen entrar a las áreas de baño con temperaturas altas y luna nueva.

"Ya se 'dónde' y 'cómo' y estoy trabajando en 'por qué'".

Andrea Marshall: manta raya

Marshal dirige la Fundación de Megafauna Marina y trabaja en develar los secretos del pariente más cercano del tiburón, la manta raya.

En 2009, confirmó la existencia de una segunda especie y está camino de describir la tercera.

La manta raya tiene el cerebro más grande de los peces.

Con el cerebro más grande entre los peces, las manta raya tienen mucho que decir en cuanto a inteligencia, curiosidad y sociabilidad.

La mayor dificultad de Marshall es que se trata de una especie muy tímida, con un amplio rango de movimiento y que realiza grandes migraciones.

Su trabajo es pionero en la creación de una base de datos global que ella describe como una mezcla de Facebook y el registro de huellas dactilares del FBI.

Con el nombre de "Manta Matcher", puede usarse para hacer seguimiento del ciclo de la especie, la población en tamaño y estructura, movimiento y velocidad.

La manta raya es de naturaleza curiosa y hasta juguetona.

La población está en retroceso y las dos especies fueron descritas como en peligro de extinción.

En sus inmersiones con estos enormes animales, vivió de primera mano la naturaleza curiosa y juguetona de la especie, un raro descubrimiento entre los peces.

"Se están convirtiendo en 'embajadores de los peces', haciendo a la gente pensar por primera vez que no son esos animales tontos y fríos que nos comemos", dice Marshal.

Gillian Renshaw: pintarroja colilarga

Renshaw, de la Universidad Griffith (Australia), trabaja con una de las especies más pequeñas de la familia y descubrió una increíble estrategia para sobrevivir durante largos periodos sin oxígeno.

La pintarroja colilarga puede encontrarse en aguas tropicales poco profundas, donde en ocasiones, con la marea baja, quedan fuera del agua.

La pintarroja colilarga es capaz de prácticamente apagarse cuando está quedándose sin oxígeno.

Cuando sucede, quedan en pequeños estanques en las rocas con muy poco oxígeno o en arrecifes expuestos donde casi no tienen qué respirar.

Entonces, ralentizan su respiración y ritmo cardiaco, y "apagan" todas las funciones no esenciales del cerebro.

Así, no sólo reducen la necesidad de oxígeno sino que mantienen al mínimo la producción de radicales libres, dañinos para los tejidos.

Pero en ese estado casi catatónico que lo hace parecer más bien muerto, incluso pueden cazar, comer y "caminar" por las rocas usando sus aletas.

Una vez de vuelta en aguas con niveles normales de oxígeno, regresan del golpe a un comportamiento normal.

La gran mayoría de los animales con esta capacidad, lo puede hacer sólo en temperaturas frías. Renshaw explica que al encontrar uno capaz de hacerlo en temperaturas cercanas a las del ser humano puede resultar en aplicaciones para el tratamiento de infartos.

Ahora bien, cómo siente este animal la falta de oxígeno sigue siendo un misterio que fascinará a científicos como Renshaw por mucho tiempo: más cuando cada vez más resultan vitales.

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