Las dos veces tuvo que contar una mentira blanca para lograr su cometido: la primera, para comenzar su instrucción de piloto aérea, reservada para mayores de 20 años (ella tenía 16), pero quería volar así que dijo que tenía cuatro años más. La otra mentira vino después, cuando ya era piloto oficial, y quiso acudir al llamado francés para ayudar en la Segunda Guerra Mundial. Tenía 20 años,  por lo que era menor de edad y necesitaba el permiso de sus padres para partir a Europa. Dijo que iba a Canadá y, en vez de eso, se fue a la guerra, donde se convirtió en una de las pocas pilotos mujeres en participar en el conflicto, trasladando aviones de un lado de Europa a otro. Así, Margot Duhalde se transformó en una de las más destacadas mujeres de la aviación internacional a mitad del siglo XX.

Margot venía de una familia de 11 hermanos y se trasladó de Río Bueno a Santiago en 1937. El Club Aéreo de Chile, fundado en 1928, ofrecía hacerse socias a mujeres interesadas en convertirse en pilotos. Margot dijo ser mayor, hizo amigos en el lugar, logró encontrar pilotos que la tomaron como alumna y el 23 de febrero de 1938 voló por primera vez sola. El 30 de abril de ese año se convertía oficialmente en piloto.

Por mientras el mundo vivía tiempos complejos, y aunque estuviera a océanos de distancia, ella sintió el llamado para ir a volar a Europa durante la Segunda Guerra Mundial. En 1941 se integra a las Fuerzas Francesas Libres para pilotear; es enviada a Londres donde comienza sus funciones en la ATA, Air Transport Auxiliary, y sus misiones consistían en transportar distintos aviones de guerra a varios puntos de Europa para entregárselos a los soldados que los utilizarían en batallas. En la ATA, durante sus años de su funcionamiento para la guerra, había 1.152 pilotos hombres y sólo 166 mujeres; una hazaña que ha sido documentada por la BBC en Spitfire Women –por el modelo más común de los que piloteaban- cinta donde Duhalde, quien mientras se aclimataba en el país y aprendía el idioma trabajó como mecánica en los hangares, es nombrada.

Su habilidad y desempeño como piloto durante la guerra hizo que en los años siguientes siguiera viviendo en Europa y trabajando para la fuerza aérea francesa.  Volvió a Chile siete años después de haberse ido, ya siendo condecorada como Caballero de la Legión de Honor francesa por su servicio en el conflicto.

De vuelta en nuestro país no fue aceptada en Lan Chile como piloto porque no permitían mujeres; se integraría por unos años a la aerolínea Lipa Sur. Luego haría el entrenamiento de controladora aérea, y se convirtió en jefe de torre de control por cuatro décadas, y también ofició como instructora de vuelo para nuevas generaciones de pilotos. Ha recibido más honores del gobierno francés, el británico y de la Fuerza Aérea chilena.

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