Desde 1928 Chile ha obtenido apenas 13 medallas en los Juegos Olímpicos; doce de ellas las han ganado hombres. Marlene Ahrens es la única atleta chilena que ha logrado una medalla olímpica, en Melbourne 1956, cuando sólo tenía 23 años. Ahrens lanzó la jabalina a  50,38 metros y obtuvo la plata.

Marlene nació en Concepción en 1933 y fue bautizada así en honor a la Dietrich. Desde chica fue una gimnasta natural: corría, saltaba, nadaba y montaba a caballo. Su habilidad para el lanzamiento la descubrió más tarde y por casualidad, tirando piedras al mar junto a su entonces pololo y un grupo de amigos, se dieron cuenta que ella era capaz de llegar mucho más lejos y con mayor precisión que los demás. Ebensperger, que se transformaría luego en su marido, le comentó al entrenador de atletismo del Club Manquehue sobre el talento de Ahrens: “Aquí tienes a una lanzadora innata”.

Tras unas pocas semanas de entrenamiento logró el quinto lugar en un Sudamericano. Para la Navidad de 1955, su marido y su padre le regalaron su primera jabalina, que habían encargado a Estados Unidos. A partir de ese momento Marlene comenzó a arrojarla todas las tardes en el campo de su familia en San Felipe. Su técnica era una mezcla de sincronización,  velocidad del brazo y golpe del torso.  

Ahrens ganó medallas de oro en los Sudamericanos de Santiago 1956, Montevideo 1958, Lima 1961 y Cali 1963, en los Panamericanos de Chicago 1959 y Sao Paulo 1963 y en el Iberoamericano de Madrid 1962.  Rubia y con 1,75 de estatura, la atleta cautivó a toda una generación de chilenos. Su actitud y fortaleza sicológica fueron vitales en su carrera deportiva; compitió recién operada de un riñón, se recuperó de una meningitis y de un accidente que le atravesó una jabalina en la parte de atrás de su rodilla y del cual zafó milagrosamente porque la lanza pasó justo entre dos tendones.

Estaba compitiendo en el Sudamericano de Cali 1963, cuando le avisaron que su padre estaba grave, trató de comunicarse con él pero no lo logró. Luego le llegó la noticia de que había muerto y ella decidió quedarse a competir para dedicarle un triunfo, y ganó.

Su carrera seguía en pleno ascenso cuando decidió retirarse. Sólo muchos años más tarde explicó la razón; se debió a un problema de acoso sexual. “Paré en seco a un dirigente por lo que hoy sería catalogado como acoso sexual. Fui a hablar con el presidente del Comité Olímpico para estampar mi reclamo, porque dos atletas más habían sido molestadas por esta persona. En esa reunión me pidieron que me callara, porque si hacía pública la denuncia sería muy grave para el olimpismo. Eso me costó no ir a Tokio, que me suspendieran y me prohibieran apelar”, contó en 1996 Marlene Ahrens.

Se retiró del atletismo pero no del deporte. A los 32 años se dedicó al tenis y ganó el Torneo de Chile en dobles mixtos, junto al tenista Omar Pabst, en 1967. En 1979 entró a la equitación y en 1995 formó parte de la representación nacional que participó en los Juegos Panamericanos.

El año pasado, a sus 83 años, Marlene Ahrens fue distinguida por el Ministerio del Deporte por los 60 años transcurridos desde su medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Melbourne 1956.

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