Herederos, de 45 años y exministros de Piñera: el perfil de los nuevos directores de las empresas chilenas
De izquierda a derecha: Macario Valdés, Andrónico Luksic Lederer, Manfred Paulmann, Carolina Schmidt, Gloria Hutt y Catalina Mertz.
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Qué observar. La última temporada de juntas de accionistas marcó uno de los mayores recambios en directorios de grandes empresas en Chile. Solo en firmas como Quiñenco, Falabella, Cencosud y Bicecorp, en pocas semanas se produjo la salida de figuras históricas que acumulaban más de 250 años en gobiernos corporativos, en paralelo al retorno de familias controladoras y la entrada de nuevas generaciones.
- Desde mediados de marzo en adelante, al menos doce empresas -privadas y estatales- renovaron sus directorios. En el sector del retail, por ejemplo, el brasileño Julio Moura dejó la presidencia y entregó la posta a Manfred Paulmann Koepfer, hijo del fundador Horst Paulmann. En tanto, en Falabella, Enrique Ostalé fue sucedido en el mismo cargo por Fernando Peña, exgerente general de Mallplaza.
- Al revisar el fútbol, también hubo cambios: en Cruzados, Juan Tagle dio un paso al costado tras una década y fue reemplazado por Matías Claro Figueroa, mientras que en Azul Azul la salida de Michael Clark dio paso a la exministra del Deporte, Cecilia Pérez, primera mujer en liderar la sociedad anónima.
- La tónica se repitió en Concha y Toro, donde Alfonso Larraín fue sustituido por Rafael Guilisasti. Por otro lado, en Quiñenco debutó como CEO Macario Valdés, ejecutivo que asumió como gerente general del holding en enero pasado, cargo que previamente ocupaba el actual canciller, Francisco Pérez Mackenna.
- Respecto de otros ajustes relevantes, destacan los repliegues de Bernardo Larraín Matte en Bicecorp; de Juan Hurtado Vicuña en Entel; y de Claudio Melandri en Santander, entre otros.
Los gatillantes. Según expertos, detrás de este recambio no hay una sola causa, sino una combinación de factores. Alfredo Enrione, director del Centro de Gobierno Corporativo y Sociedad de la Escuela de Negocios ESE de la Universidad de los Andes, plantea que se trata de “la temporada de juntas más transformadora de la última década” y agrega que “lo que estamos viendo no es una rotación, es una transición de era”.
- De acuerdo con Enrione, los movimientos responden a tres tipos de gatillantes. El primero es político, como en el caso de Quiñenco, donde el paso de Francisco Pérez Mackenna a la Cancillería activó una serie de ajustes en la cúpula del grupo.
- El segundo es estructural, asociado a reconfiguraciones de propiedad, como en Falabella -tras el fin del pacto de las siete familias controladoras— y en Cencosud, donde el control retornó a los Paulmann tras catorce años fuera. Este proceso también se ha reflejado en el ingreso de nuevas generaciones a los directorios, como los Vial en Agrosuper y la rama de Patricia Angelini en AntarChile.
- El tercero es regulatorio o reputacional, vinculado al cumplimiento de nuevas exigencias, al cierre de ciclos o a la apertura de nuevas etapas en distintas compañías.
- “Mi evaluación, siendo honesto, es mixta. Hay señales muy positivas: directorios más jóvenes, con más mujeres calificadas y con perfiles internacionales, y con AFP que actuaron como bisagra activa entre controladores y minoritarios en al menos seis empresas IPSA. Pero también hay señales de alerta (…) que muestran que la transformación está más en la fotografía que en la dinámica real de poder”, señala Enrione.
- Una mirada similar es la que tiene Pablo Müller, académico de la Facultad de Administración y Negocios de la Universidad Autónoma, quien advierte que el proceso responde a “una transformación de carácter estructural”, hacia esquemas más profesionalizados y con mayor presencia de inversionistas institucionales.
- Además, declara que esta modernización “coexiste con la persistencia de redes tradicionales de poder”, lo que da cuenta de un cambio “gradual, híbrido y aún incompleto”.
Cambio generacional. Los cambios en los gobiernos corporativos también implican una fuerte ruptura etaria, pues mientras los rostros salientes promediaban entre 67 y 76 años, los nuevos protagonistas se sitúan en torno a los 45.
- “Eso es una compresión de casi tres décadas en una sola temporada. Y junto a esos cuarentones aparecen casos extremos como Ian Fürst con 23 en Mallplaza, que es el director más joven en la historia reciente del IPSA, y figuras de transición como Manfred Paulmann (58) o Fernando de Peña (68), que asumen presidencias heredando responsabilidades acumuladas”, sostiene Enrione.
- En esa línea, enfatiza que “el director IPSA promedio dejó de ser un ingeniero comercial chileno de 65 años; ahora puede ser una abogada de 52, un finlandés de 60 o un nieto de 23. Esa es la noticia”.

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Política. En el plano político, el fenómeno sigue una lógica conocida, con el ingreso de figuras que han pasado por el sector público. “Hay un sesgo hacia perfiles de centroderecha técnica, con exministros que ingresan o consolidan posiciones en directorios IPSA, junto a figuras como Rodrigo Vergara en Santander”, explica Alfredo Enrione.
- Según el académico, estos movimientos responden a una dinámica habitual: los cambios de gobierno suelen ir acompañados de la incorporación de exautoridades a los directorios. “Es una constante histórica chilena. Lo vimos con la Concertación en los noventa y con Piñera en su momento”, afirma.
- Sin embargo, advierte que lo distintivo de este proceso es la coincidencia de tres factores: el recambio generacional, las nuevas exigencias regulatorias —como la mayor presencia femenina— y el ingreso simultáneo de herederos a los principales grupos empresariales. “Tres olas que confluyen y se amplifican”, indica el académico de la Universidad de Los Andes.
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