La nuez de mar y su sorprendente "ano transitorio" que no se ve cuando está inactivo
La nuez de mar y su sorprendente "ano transitorio" que no se ve cuando está inactivo
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El reino animal tiene una gran variedad de especies. Desde las que viven cerca de los humanos hasta las que habitan en lo más alto de una montaña o en lo profundo de los océanos.
Una de las últimas investigaciones del campo marino, dio a conocer un curioso hecho sobre la Mnemiopsis leidyi (o más conocida como nuez de mar): La especie tendría un particular ano que no está visible todo el tiempo, ya que sólo se activa al momento de botar sus heces.
La nuez de mar pertenece a un grupo de invertebrados marinos llamados ctenóforos y fue estudiada por el biólogo Sidney Tamm, quien trabajó para revelar el proceso de defecación de esta especie, logrando resultados que sorprendieron a la comunidad científica y también a la opinión pública.
Así lo reflejó en un artículo publicado en Invertebrate Biology, en el cual se describe a la especie con un “ano transitorio”, siendo un descubrimiento que podría posicionarse como el primero de la historia evolutiva.
Esta especie de ano aparece únicamente cuando la nuez marina quiere defecar, ya que posteriormente desaparece de su fisionomía.
La alimentación de este espécimen se basa en pequeños crustáceos y peces bebés a través de una abertura, algo que se asimila a la boca de un humano. Durante el proceso de alimentación, la comida que pasa por una garganta y desciende por un esófago que tritura la comida para finalmente llegar a un estómago en forma de embudo, describe la investiación.
Y es luego de esto es donde comienza el proceso digestivo, ya que todo lo que no se digiere se envía de vuelta a la boca, mientras que el resto ingresa a una red de canales que distribuyen nutrientes por todo el cuerpo.
El proceso de desecho
Tras de todo esto es donde las observaciones del investigador comenzaron a arrojar resultados. En la última etapa del proceso se incluyen dos canales, cada uno de los cuales termina en un callejón sin salida en forma de Y.
“El ano es invisible entre las defecaciones. No puedes verlo con tus ojos o con un microscopio”, dijo el investigador descartando lo que se pensaba en un comienzo que hacía referencia a una abertura por la que se eliminaban los desperdicios.
Su trabajo también reflejó que cuando uno de los canales se hincha con desechos, empuja hacia el borde exterior hasta que choca contra su piel desde el interior. Luego, en el último momento, la criatura ‘crece’: el canal se fusiona con la piel externa de la gelatina para formar un poro anal, que se vuelve a sellar inmediatamente una vez que los desechos salen disparados.
“Parece que un agujero que se abre se hace cada vez más grande y luego ves que los residuos salen de inmediato”, comentó Sidney Tamm. Además agregó que "entonces, el anillo de fusión disminuye y vuelve a sellarse y ya no hay ninguna abertura”.
Debido a que los linajes de los ctenóforos son tan antiguos, sus adaptaciones pueden arrojar luz sobre cuestiones evolutivas más amplias. Por ejemplo, podrían ser un tipo de vínculo perdido entre las especies que nunca desarrollaron un ano separado y los animales que lo desarrollaron de forma “ordinaria”, incluidos los humanos.

