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La familia "embrujada" de Texas que llevó a la ciencia a lo paranormal

DW | La familia "embrujada" de Texas que llevó a la ciencia a lo paranormal
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Una niebla en la oficina, un hombre de negro bajo el sol de Texas y cinco casas donde el miedo persistía. Una familia creyó que algo la perseguía; dos investigadores se preguntaron si el misterio estaba en otra parte.
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Eran cerca de las tres de la madrugada cuando un fuerte sonido sacó del sueño a Nell, de 57 años, en su casa de Texas. Sonaba como si un mueble lleno de vajilla se hubiera caído. Según su relato, al levantarse encontró la luz del despacho encendida y una densa niebla que giraba por la habitación. Su marido, Rod, de 70, estaba trabajando en una plataforma petrolífera, así que llamó a su hija Jill, de 37, que vivía al lado, y las dos salieron de la casa. Jill también aseguró haber visto la niebla.

La noche anterior, según Nell, algo le había mordido el pecho y a la mañana siguiente tenía marcas de dientes, que su hija también vio, aunque nadie las fotografió. Rod tardó día y medio en llegar y, contra todo pronóstico, la niebla seguía allí. Solo empezó a disiparse durante el tercer día.

La familia asegura que todo habría empezado poco después de explorar un terreno vecino. Una semana después de esa incursión, un desconocido vestido completamente de negro apareció en su puerta, en pleno verano texano, para advertirles que no pisaran su propiedad. Nell acabaría relacionando aquel encuentro con todo lo que vino después.

Desde entonces, la familia aseguró vivir un asedio casi diario de apariciones, presencias, olores extraños, contactos físicos amenazantes y objetos que parecían moverse solos. También aseguraron haber grabado voces y figuras misteriosas con sus cámaras de seguridad, aunque los investigadores no pudieron verificar de forma independiente lo ocurrido.

Convencidos de que algo los perseguía, Nell y Rod fueron cambiando de vivienda hasta pasar por cinco domicilios. Lejos de desaparecer, las experiencias, según contaban, se intensificaron.

(Foto ilustrativa)Imagen: Depositphotos/IMAGO
(Foto ilustrativa)Imagen: Depositphotos/IMAGO
 

La ciencia investiga el caso

Hasta aquí, una historia de película de terror. Pero el caso volvió a llamar la atención recientemente, cuando el medio científico IFL Science recuperó la investigación sobre esta familia de Texas. Lo que parecía un relato sobrenatural había despertado años antes el interés de dos investigadores que buscaban explicaciones más allá de los fantasmas.

El caso llegó a los psicólogos James Houran y Brian Laythe a través de un equipo dedicado a investigar fenómenos paranormales. Ambos estudiaron a la familia durante unos seis meses y denominaron el episodio los "fenómenos de San Antonio".

El síndrome de las personas embrujadas

Ellos, además, tenían una razón propia para interesarse. Buscaban un caso activo con el que poner a prueba el llamado "síndrome de las personas embrujadas", un modelo psicológico propuesto en 2019 que todavía no constituye un diagnóstico clínico reconocido.

Según esta hipótesis, ciertas personas son especialmente propensas a experimentar sensaciones inusuales que, interpretadas a través de sus creencias paranormales, pueden reforzarse con la influencia de quienes las rodean.

Para comprobar si esa idea encajaba con la familia, los investigadores reunieron cuestionarios psicológicos, entrevistas y un diario en el que Nell había anotado sus experiencias. También realizaron dos visitas largas, distribuidas en tres días no consecutivos, durante las cuales examinaron grabaciones y tomaron mediciones ambientales.

Imagen: Martin Bertrand/IMAGO
Imagen: Martin Bertrand/IMAGO
 

Los resultados, publicados en Frontiers in Psychology en 2022, ofrecieron indicios de una relación entre las experiencias relatadas, las creencias paranormales y la llamada transliminalidad, un concepto que describe la facilidad con la que contenidos mentales poco conscientes y estímulos del entorno pueden acceder a la conciencia. Cuanto más permeable es, más fácilmente pueden llegar a la conciencia sensaciones internas y estímulos que otras personas apenas notarían.

Esto ayudaría a entender por qué dos personas pueden interpretar de forma muy distinta un mismo ruido o una sombra ambigua. Según el modelo, el miedo a una presencia amenazante podría aumentar la atención a señales que parecen confirmarla y, con ello, la ansiedad. Compartir esas interpretaciones también podría reforzarla, formando un círculo de retroalimentación.

Creencias paranormales y datos que no encajan

Los datos familiares ofrecieron pistas compatibles con el modelo. Nell obtuvo una puntuación más alta en transliminalidad que su marido y su hija, y los tres mostraron creencias paranormales fuertes, sobre todo ella y Rod en las más tradicionales, según el estudio de Houran y Laythe.

Quienes más creían, más anomalías comunicaban, aunque los autores advierten de que esa correlación no demuestra que las creencias provocaran las experiencias.

El diario de Nell reveló otra particularidad. Sus recuerdos extraños se remontaban a la infancia, cuando llegó a creer que una muñeca había cobrado vida y le había gruñido, pero en su registro retrospectivo aparecían muchos más episodios correspondientes a la edad adulta. En aquella primera vivienda recordó 13 experiencias memorables; en las etapas posteriores, 315.

Resultaba llamativo, porque la familia se había mudado precisamente para escapar de aquello. Los investigadores plantearon que el cambio de contexto y una mayor atención a lo sospechoso podían haber alimentado la escalada.

Sin embargo, no todos los resultados respaldaron las hipótesis. Los investigadores esperaban encontrar una relación clara entre el estrés y las experiencias anómalas, pero los datos fueron menos concluyentes. Solo alrededor del 17 % de los malestares enumerados por Nell estaba relacionado con sus vivencias fantasmales. El 83 % restante correspondía a problemas de otra índole, según Frontiers in Psychology.

Tampoco el contagio entre familiares quedó probado. En los relatos familiares aparecían doce tipos de experiencias coincidentes, pero mientras las de Nell aumentaban, las de Jill tendían a disminuir. El caso ofrecía coincidencias sugerentes, pero también contradicciones que impedían dar el modelo por probado.

Imagen: Depositphotos/IMAGO
Imagen: Depositphotos/IMAGO
 

Una explicación a la medida de sus creencias

Nell interpretaba todo desde una óptica muy religiosa. Ella y Rod atribuían los fenómenos a una entidad maligna que, según creían, quería aterrorizarla por su fe. Nell la identificaba como Belcebú.

Un psiquiatra de Texas la evaluó en 2020 y planteó un diagnóstico provisional de trastorno delirante de tipo persecutorio, aunque no halló criterios de esquizofrenia ni de otros trastornos psicóticos. No le recetó antipsicóticos y recomendó asesoramiento psicológico.

Houran y Laythe propusieron posteriormente atención plena y terapia EMDR, pero la familia no les dio continuidad. Nell prefirió buscar ayuda espiritual y acabó acogiendo la explicación de una practicante de Reiki, que habló de una posible maldición. Para los investigadores, esa reacción mostraba cómo las creencias condicionan qué explicaciones se aceptan y cuáles se rechazan.

Aun así, pidieron cautela. Se trataba de un estudio con solo tres personas, con información difícil de verificar y resultados que a menudo no alcanzaron significación estadística. Según IFL Science, los propios autores los describieron como "naturalmente ruidosos". Además, Nell parecía querer controlar la impresión que causaba, y los investigadores conocían las hipótesis mientras recogían la información.

Con todo, un análisis estadístico clasificó el caso como "no fabricado deliberadamente", con una exactitud estimada del 90 %, según Frontiers in Psychology. Eso no demostraba que los episodios hubieran ocurrido tal como se contaban: podían responder a experiencias espontáneas, expectativas o procesos imaginativos. De ahí que Houran y Laythe no pudieran afirmar con certeza que el síndrome fuera la mejor explicación de lo ocurrido.

El caso deja así más preguntas que respuestas. Pero para Laythe, tomarse en serio estas vivencias no obliga a aceptar su interpretación sobrenatural. Su impacto emocional puede ser real, aunque el origen siga sin aclararse. Quizá la cuestión más interesante no sea si una casa está embrujada, sino cómo una experiencia desconcertante acaba convirtiéndose, para quien la vive, en una historia imposible de ignorar.

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