Lo nuevo. Israel vota hoy con una participación que no se veía en medio siglo, y quien encarna la movilización contra Benjamin Netanyahu no es un político de carrera sino un exmilitar de perfil bajo. A las 14:00 hora local, la participación llegaba al 44,9%, la cifra más alta registrada a esa hora desde 1973. A las 16:00 subía a 55,7%, frente a 47,5% en 2022.
- Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor del Ejército, llega como el candidato con más posibilidades de desplazar al primer ministro que más tiempo ha gobernado el país.
- Las últimas encuestas, publicadas el viernes, mostraban a la coalición de Netanyahu empatada o levemente por detrás del bloque opositor que encabeza Eisenkot. Un sondeo de Maariv lo daba ganando un duelo directo por 49% contra 41%.
Un soldado de Tiberíades. Nació el 19 de mayo de 1960 en Tiberíades y es el segundo de cuatro hijos de inmigrantes judíos marroquíes. El origen pesa en la aritmética electoral: Shas, el partido ultraortodoxo sefardí, teme que Eisenkot le quite parte de su electorado tradicional.
- Su carrera militar se forjó en la Brigada Golani, donde sirvió entre 1978 y 1992. Como jefe del Comando Norte quedó asociado a la llamada doctrina Dahiya, que propone castigar con fuerza desproporcionada la infraestructura desde la que operan las milicias.
- Paradójicamente, fue Netanyahu quien lo nombró jefe del Estado Mayor, cargo que ejerció entre 2015 y 2019.
- Su biografía cambió el 7 de octubre de 2023. Tras el ataque de Hamás, el partido Unidad Nacional se sumó a un gobierno de emergencia, y Gantz y Eisenkot ingresaron al gabinete de guerra.
- Su hijo Gal Meir murió combatiendo en Gaza en diciembre de 2023, a los 25 años, y un sobrino cayó al día siguiente; otro murió en noviembre de 2024. Esas pérdidas aumentaron su popularidad y le dieron credibilidad como alguien que, tras pagar el costo más alto, no expondría soldados en vano.
- En junio de 2024 abandonó el gobierno junto a Gantz, acusando que los cálculos políticos contaminaban las decisiones de guerra. Luego rompió con su antiguo socio y fundó Yashar (“recto” u “honesto” en hebreo) el 16 de septiembre de 2025. El nombre viene de una frase del exrehén Eli Sharabi: no es derecha ni izquierda, sino rectitud.
Qué propone. Eisenkot no es una paloma. Rechaza tanto un Estado palestino como la anexión formal, y sostiene que Israel debe conservar una mayoría judía y el control militar desde el Jordán hasta el Mediterráneo. Según CNN, se ha comprometido a terminar con el gobierno de Hamás en Gaza en 18 meses. Ve a Irán como la principal amenaza externa y busca estrechar lazos con Estados Unidos y ampliar los acuerdos de paz.
- La ruptura con Netanyahu está en el frente interno. La primera decisión de su gabinete sería crear una comisión estatal de investigación sobre el 7 de octubre, con cinco miembros designados por la presidencia de la Corte Suprema. Su ley de servicio obliga a todos los ciudadanos a servir en el Ejército o en un servicio civil, con sanciones para quienes eludan, y limita las exenciones al 3% anual.
- Se opone a la reforma judicial, derogaría la nueva ley de nombramiento de jueces y plantea una Constitución escrita inspirada en parte en la Declaración de Independencia.
Lo que cambiaría. En lo institucional, un gobierno de Eisenkot cerraría el ciclo de la reforma judicial y abriría la investigación que Netanyahu ha esquivado durante tres años, con el costo político y quizás penal que eso implica para el primer ministro.
- En lo social, el reclutamiento de los ultraortodoxos rompería el pacto que sostuvo a los gobiernos de Netanyahu. Pero ahí también está su debilidad.
- El propio Eisenkot dijo a Canal 12 que no ve hoy ningún partido árabe ni ultraortodoxo que acepte sus reglas, y descartó a Ra’am. Sin ellos, llegar a 61 escaños es difícil. El Likud ha explotado esa vulnerabilidad con el lema “no hay Gadi sin Tibi”, en alusión al dirigente árabe Ahmad Tibi. Hoy, candidatos de derecha se sumaron a una campaña de alarma sobre una supuesta participación árabe récord.
- En política exterior conviene moderar las expectativas. Frente a los palestinos, Eisenkot ofrece más un cambio de método y de tono que de estrategia: su rechazo a la solución de dos Estados coincide con el del Likud y el de la lista de Bennett y Lapid. Cambiarían la relación con los aliados occidentales, el peso de la extrema derecha de Ben-Gvir y Smotrich, que quedaría fuera del gobierno, y la conducción de la guerra con Irán.
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El desenlace sigue abierto. Las encuestas sugieren que ningún bloque obtendría mayoría propia, por lo que la votación podría abrir una nueva crisis política en vez de resolverla. Según el Times of Israel, en el Likud ya se preparaban para alegar que la elección fue “robada” si Netanyahu pierde. Un 60% de los israelíes prefiere un gobierno de unidad antes que volver a votar. Esa podría ser, al final, la vía por la que el general llegue al poder, o por la que Netanyahu vuelva a sobrevivir.