—¿Cuál es tu posición sobre los dispensarios de marihuana? ¿Crees que la marihuana tiene efectos médicos positivos?
—Desde hace 30 o 40 años se produjo una explosión mundial en favor de la marihuana, asociada a una agenda progresista y a movimientos juveniles. Woodstock, lo que tú quieras. La marihuana se vistió de una cierta atmósfera glamorosa entre los jóvenes. Eso generó niveles de adicción muy importantes.
Eso llevó a algunos países a buscar vías para legalizarla. Uruguay, varios estados de Estados Unidos y algunos países europeos permiten su uso legal y existen lugares donde se vende.
Pero progresivamente la evidencia científica ha ido mostrando dos cosas importantes. La primera es que los supuestos beneficios medicinales de la marihuana son extraordinariamente dudosos y, más bien, no se comprueban, salvo excepciones muy puntuales. La segunda es que, en los lugares donde se legalizó, la experiencia no ha sido buena.
—¿Por qué?
—Porque los niveles de adicción, una vez legalizada, subieron como mínimo un 50% y, en algunos casos, se multiplicaron por tres o cuatro.
En Chile tuvimos la cola de ese movimiento progre. Se argumentó hace algunos años que la marihuana tenía usos medicinales. Eso coincidió con el afán de cultivadores y comercializadores de generar una brecha que permitiera generalizar y masificar su uso.
Como la legislación fue débil y, sobre todo, el control fue muy débil, hoy Chile es el país donde más marihuana se consume en América Latina, mucho más que México, Colombia o Perú. De acuerdo con las encuestas, somos también el país con mayor nivel de adicción a la marihuana.
—¿Y cómo ves el caso de los dispensarios que están siendo investigados?
—Lo que se produjo fue que, aprovechándose de esas brechas, se generó una verdadera ventana para vender marihuana con fines de adicción, no aceites curativos. Además, se produjo marihuana con mucho más THC, de manera tal que realmente ya es una droga bien importante.
—¿Ni siquiera consideras que pueda tener utilidad para terapias paliativas del dolor?
—Yo personalmente, para nada. Hay opiniones distintas sobre esto, pero evidentemente existen medicamentos probados, fármacos y no marihuana, que tienen efectos mucho mejor demostrados para las posibles indicaciones de la marihuana.
—¿Consideras que la marihuana tiene un nivel de adicción alto, comparable con la cocaína o el alcohol?
—El nivel de adicción a la marihuana, desde el punto de vista biológico, es menor que el de drogas fuertes como la cocaína. Las personas que son adictas a la marihuana tienen una posibilidad un poquito más alta de dejar la adicción con voluntad, psicoterapia o lo que fuera. Es una adicción dura y difícil, pero es más fácil dejar la marihuana que dejar el tabaco.
—También hay un componente cultural. ¿Crees que se ha frivolizado el consumo de marihuana?
—Por supuesto. En los jóvenes que fuman marihuana y que no han terminado de desarrollar su cerebro, antes de los 20 o 21 años, se produce un daño irreparable en el sentido de un menor desarrollo y una menor competencia neurológica. Se gatillan casos de psicosis, está demostrado, sobre todo en personas con propensión. También se asocia a esquizofrenia, trastorno bipolar y suicidio. Es una cuestión que tiene efectos muy nocivos y cuyo control, en la práctica, es inexistente.
—Siempre se ha dicho que la marihuana puede ser el primer paso hacia drogas más duras. ¿Estás de acuerdo?
—La evidencia al respecto, en el sentido de que la persona que consume marihuana necesariamente pase a drogas más duras, es débil. No la conozco como una evidencia fuerte. Pero lo que sí es fuerte es que el mercado del narcotráfico duro usa las redes de la marihuana para expandirse. La industria del narcotráfico funciona de esa manera.
—¿En qué sentido?
—No tengo ninguna noticia de que los dispensarios sean un vehículo para la venta de otras drogas que no sean marihuana. Pero en la red ilegal, evidentemente la marihuana es un vehículo de introducción de otras drogas más fuertes.
—Tú eres liberal. ¿Estás en contra de la legalización de cualquier tipo de droga?
—No. La marihuana es una cosa y discutir su legalización es una posibilidad. Pero lo que tenemos hoy día es una catástrofe. Y en ese sentido, legalizar la marihuana no va a cortar esta catástrofe. Legalizarla significa que por ningún motivo se podría vender a menores de 18 años. Y eso ya es un problema en Chile, porque el consumo de marihuana en recintos escolares, por ejemplo, es masivo.
—Hay quienes sostienen, como Milton Friedman, que legalizar las drogas permitiría terminar con el negocio sangriento del narcotráfico y reducir los costos para el Estado. ¿Qué opinas?
—Mi experiencia no ha sido así. Lo que ocurre es que la industria narco, en la medida en que una droga es legalizada, se va a drogas que producen más adicción o que son más fuertes. Es lo que ha pasado con la marihuana. Alguien se puede hacer un pito con la hierba que cultiva en su casa, que es lo que permite la ley, pero lo que se está haciendo es buscar formas de marihuana mucho más potentes, con más THC.
Independientemente de Milton Friedman, que en paz descanse, lo que tenemos es que la industria busca permanentemente nuevos mercados. Si no podemos vender cigarrillos, vendemos vapeadores. Y si no podemos vender esto, vamos a lo otro. Es una industria que busca mercado permanentemente.
—¿Tú nunca has fumado marihuana?
—No.
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