El proceso para definir al próximo secretario o secretaria general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) comienza a entrar en una fase más clara, luego de que se confirmara la salida de una de las postulaciones iniciales. La reciente decisión de Maldivas de retirar la candidatura de la diplomática argentina Virginia Gamba ha reducido el escenario a cuatro figuras clave del ámbito político y multilateral.

Con este ajuste, la carrera queda centrada en nombres con amplia trayectoria internacional: Michelle Bachelet, Rafael Grossi, Macky Sall y Rebeca Grynspan, todos con experiencia en organismos globales y gestión de alto nivel.

Michelle Bachelet: liderazgo político y experiencia en derechos humanos

Michelle Bachelet, quien hizo historia al convertirse en la primera mujer presidenta de Chile, ahora busca marcar un nuevo hito al aspirar a ser la primera mujer en liderar la Secretaría General de la ONU. La exmandataria se posiciona como una de las candidatas con mayor visibilidad internacional. Su trayectoria combina dos periodos como jefa de Estado con un rol clave dentro del sistema de Naciones Unidas, donde se desempeñó como alta comisionada para los Derechos Humanos entre 2018 y 2022.

Desde esa posición, lideró la supervisión de violaciones a los derechos humanos a nivel global, consolidando su perfil como figura influyente en la política internacional. Aunque el actual gobierno de nuestro país, a cargo del presidente José Antonio Kast, decidió retirar su respaldo, su candidatura sigue en pie gracias al apoyo de Brasil y México. Hasta el momento no se tenían registros de casos en los que una postulante no haya sido patrocinada por su propio país; sin embargo, técnicamente está permitido.

Rafael Grossi: perfil técnico con foco en seguridad nuclear

El diplomático argentino destaca por un enfoque más técnico, ligado a la seguridad internacional y la supervisión nuclear. Actualmente, lidera el Organismo Internacional de Energía Atómica, entidad clave en la fiscalización de programas nucleares a nivel mundial.

Su gestión ha estado marcada por el seguimiento del programa nuclear de Irán, un tema sensible en la agenda global. Su experiencia en negociaciones internacionales y desarme lo posiciona como una alternativa con fuerte respaldo en el ámbito diplomático.

Macky Sall: opción africana con peso político regional

El exjefe de Estado senegalés aparece como una de las principales cartas del continente africano. Con más de una década al mando de Senegal, Sall consolidó su liderazgo en África occidental y participó activamente en instancias como la Unión Africana.

Su nominación, impulsada por Burundi, introduce el factor geopolítico en la discusión, considerando la relevancia de la representación regional en el liderazgo de la ONU.

Rebeca Grynspan: trayectoria en desarrollo y cooperación internacional

La economista costarricense aporta un perfil consolidado en el ámbito multilateral. Actualmente, lidera la UN Trade and Development, organismo enfocado en comercio, inversión y desarrollo sostenible.

Con experiencia como vicepresidenta de Costa Rica y en altos cargos dentro del sistema de Naciones Unidas, Grynspan es reconocida por su trabajo en cooperación internacional y políticas de desarrollo, lo que la posiciona como una candidata con amplio respaldo técnico.

El proceso de elección para la Secretaría General de la ONU

La definición del sucesor de António Guterres se perfila como una de las decisiones más relevantes en el escenario global, en un contexto marcado por desafíos como conflictos internacionales, crisis climática y tensiones geopolíticas.

El proceso para elegir al próximo secretario general de la ONU contempla etapas clave. El primer hito será el cierre de las candidaturas el próximo martes, tras lo cual, el 20 de abril, comenzarán los diálogos interactivos ante la Asamblea General, donde los postulantes presentarán sus propuestas.

Sin embargo, la decisión real se define en el Consejo de Seguridad, integrado por 15 miembros y donde las cinco potencias con derecho a veto, China, Francia, Rusia, Reino Unido y Estados Unidos, tienen un rol determinante. Desde fines de julio se realizan votaciones informales conocidas como “straw polls”, en las que los candidatos son evaluados. Aunque son secretas, es habitual que los vetos se comuniquen previamente de manera informal.

Para avanzar, un candidato debe reunir al menos 9 votos y no enfrentar el veto de ninguna potencia, requisito clave para que su nombre pase a la fase final del proceso.

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