Jorge José Francisco Contanzo Chávez, padre de la niña que murió tras caer desde el piso 11 de un edificio en Las Condes, no quedó en prisión preventiva. El sujeto, que estaba a cargo de la menor de edad al momento de la tragedia, quedó detenido en tránsito, hasta que la Corte de Apelaciones resuelva el caso este miércoles.
Asimismo, la jueza consideró que el padre “no configura un peligro para la sociedad”, y dictó arraigo nacional junto con firma mensual para el acusado.
En tanto, el tribunal también estableció 120 días de investigación para esclarecer lo sucedido.
Si bien sólo se conocían declaraciones de la madre de Isidora, la menor fallecida, ahora salió a la luz el testimonio que entregó la defensa de Constanzo durante la audiencia de formalización que se realizó en el Cuarto Juzgado de Garantía el pasado lunes.
Cristian Santander Garrido, abogado privado de Jorge, aseguró que el delito que se le estaba imputando no estaba en el Código Penal. Según él, Constanzo era un padre preocupado que se acostó temprano para ir a buscar a su hija el domingo, almorzar juntos y sacarse fotos compartiendo.
Para él, no existe ningún delito de homicidio. Todo se reduce a un "lamentable accidente que le ocurrió a un padre querendón".
Recordemos que el objetivo del Ministerio Publico, además de imputarle los hechos, acreditar las posibles agravantes de sus delitos y conseguir la prisión preventiva. Pero la magistrado, Andrea Osorio, le dijo que no. Que no había ni dolo eventual, ni directo, ni generaba un riesgo para la sociedad. No se iría preso porque además, si llegase a ser condenado, era muy probable que cumpla su pena en libertad.
El testimonio de la defensa de Jorge Constanzo
Según información de BioBioChile, Cristian Santander, abogado privado de Jorge, partió diciendo en la audiencia que el delito de omisión impropia no está tipificado por el Código Penal.
—La mayoría de los casos relativos a accidentes de esta naturaleza, la jurisprudencia ha sido unánime y la ha tratado como una imprudencia temeraria.
En sus argumentos estaba que Jorge no era un mal papá. Para ejemplificar esto, mencionó que el día anterior celebró un cumpleaños en el quincho hasta medianoche con un grupo pequeño de personas.
—No estamos hablando acá de que hubo una fiesta desenfrenada que dejó a mi representado en estado de embriaguez hasta el día siguiente—.
Asimismo, aseguró que fue a buscar a Isidora a las 10:40 de la mañana. Almorzaron juntos y se sacaron fotografías. Incluso, "fueron a jugar y a tomar helado al Parque Araucano". Luego, por orden de su madre, la niña debía dormir la siesta.
—Efectivamente llegan a la casa después de pasarlo bien. Entonces la niña es recostada y mi representado la hace dormir y se queda dormida. Queda con la ventana cerrada, tiene una cortina tipo roller que también queda cerrada y mi representado se va a descansar a la pieza de al lado pensando que su hija está dormida y tranquila después de haberlo pasado tan también.
Según defendió Santander, nunca hubo un dolo eventual. Para él, era un absurdo pensarlo.
—Imagínese en el absurdo que podríamos caer si pensamos en el dolo eventual como una conducta que pudiera ocurrirnos a todos. Como, por ejemplo, hoy día salgo de mi casa, tomo mi vehículo y yo me tengo que presentar la posibilidad de que pudiera atropellar a alguien y lo acepto e igualmente salgo a trabajar.
Jorge era un "padre querendón"
Para Cristián Santander, que Jorge no hubiese puesto las mallas de seguridad no representó un riesgo ni mucho menos una conducta negligente. Esto, porque la normativa actual no obliga a tener esta medida en edificios que estén sobre los nueve metros de altura.
—Estamos frente a un riesgo permitido. No estamos frente a la creación de un riesgo porque la ley lo tolera, no se trata de un riesgo prohibido.
—Es un lamentable accidente que le ocurre a un padre. Un padre querendón de su hija.
Ahora, según sus palabras, existe una "pena natural inconmensurable" en Jorge por todo lo ocurrido. Es más. Asegura que no podrá volver al edificio "por razones obvias".
—Es imposible para mi representado volver a ese departamento que le ha marcado la vida y que ha dañado profundamente su propia existencia.
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