El jueves 13 de agosto la tensión se posicionó en el Liceo 1 Javiera Carrera. A las 9.30 horas, una alumna del cuarto año C llegó a conversar con la subdirectora, del establecimiento emblemático de calle Amunátegui.
“Vamos a hacer una asamblea sí o sí en el gimnasio”, le dijo con un tono amenazante. La dirección para evitar una escalada, permitió que las estudiantes ingresaran al lugar tras quitar el candado. Según el conteo, llegaron más de 400 jóvenes.
Tras su deliberación, la masa de estudiantes partió nuevamente a la zona de la dirección, comenzando un nuevo conflicto: se sentaron en silencio, dejando sin opción de transitar a las autoridades.
Lo que había comenzado en algo pacífico, derivó en golpes, ruidos y gritos con falta de respeto contra las personas a cargo del Liceo 1. “Den la cara”, fue lo más suave que se escuchó, de acuerdo a la querella que presentó el SLEP Santiago Centro.
La situación era delicada. Por ello, desde el Servicio Local de Educación concurrió un funcionario para evitar una crecida mayor del conflicto. Sin embargo, otra alumna lo identificó y comenzó a criticar su presencia al notar que registraba todo con su teléfono.
A esa altura, ya se hablaba de una situación de “secuestro” de las autoridades del Liceo 1 porque no las dejaban salir de sus oficinas. En paralelo, Carabineros afinaba el desalojo, luego de recibir la autorización desde la delegación presidencial.
Esos movimientos generaron que las estudiantes depusieran la "toma".
El Liceo 1 está en estado de alerta desde hace varias semanas. El 3 de agosto pasado, las estudiantes se encapucharon para enfrentar a las autoridades educacionales, lo que activó las medidas preventivas de despacho del resto del establecimiento.
En esa oportunidad, Carabineros también ingresó. Al revisar las salas y el salón del centro de estudiantes–según la denuncia a la que tuvo acceso Reportajes Teletrece–incautaron bolsas de herramientas con martillos, piedras, pinturas, bencina y pedazos de cadenas.
En el SLEP Santiago Centro saben que esto no fue un hecho aislado. Hace unas semanas, los liceos emblemáticos han estado incrementando las protestas violentas. Todo organizado, según las mismas denuncias de la autoridad, por una agrupación denominada “Cordón Secundario”, cuyo movimiento ha estado promoviendo protestas.
En una de sus últimas marchas, hubo 13 detenidos: estudiantes, adultos y extranjeros.
Informe advierte 57 desalojos concentrados en dos liceos emblemáticos
En enero de 2026, los 43 establecimientos de la comuna de Santiago pasaron al Servicio Local de Educación. Un desafío no menor en el contexto de lo que representan los llamados liceos emblemáticos, pues sus alumnos han continuado con las interrupciones de clases.
Un informe del SLEP Santiago Centro–al que tuvo acceso Reportajes Teletrece–sobre las situaciones de violencia escolar del primer semestre de este año dio cuenta que éstas se generaron en seis establecimientos: Liceo 1 Javiera Carrera, Instituto Nacional, Liceo de Aplicación, Liceo Confederación Suiza, Liceo 4 Isaura Dinator y el Liceo Manuel Barros Borgoño.
Así, de acuerdo al reporte, se contabilizaron 57 procedimientos de desalojo al 7 de agosto pasado: 36% concentrados en el Licea 1 y 26% en el Instituto Nacional. “Esto implica que el 62% se concentran en dos establecimientos, reflejando focos específicos de conflictividad”, se lee en el escrito reservado.
Todo esto ha decantado en más de 20 denuncias y 10 querellas presentadas por el SLEP Santiago Centro en solo seis meses. Según fuentes del organismo, la directora Paulina Retamales ha transmitido tanto a su equipo como a los directores de los Liceos que habrá “tolerancia cero” contra el ejercicio de actos violentos.
Un mensaje que se reafirmó hace dos semanas cuando Retamales se reunió con los encargados de los establecimientos en las oficinas de Miraflores 222 y se les indicó que no se permitiría ninguna “toma”. En esa línea, esa medida se ha cumplido: “los múltiples intentos no han durado más de tres horas”, explicaron a Reportajes Teletrece.
Y las sanciones han ido en ese marco para frenar las escaladas violentas.
Según el informe del SLEP Santiago Centro, de los 403 activaciones de protocolo registradas al 30 de junio de 2026, el 27% corresponden a “debidos procesos” por faltas graves o gravísimas. Es decir, 109 casos.
De ellos, 42% se enmarcan por vías regulares–sumarios internos– y el 58% a Aula Segura, lo que se tradujo en 41 alumnos expulsados y 42 suspendidos.
Instituto Nacional: la orgánica de los overoles blancos y los infiltrados
“Los encapuchados ingresan al establecimiento y en la cancha central lanzan bombas molotov, provocando un incendio el cual fue contenido rápidamente por funcionarios del establecimiento con los extintores disponibles. Luego se dirigen hacia el sector dos y bajan hacia los camarines, lugar donde protegidos por la multitud de estudiantes que acompaña su acción se despojan de sus overoles y los depositan en un basurero el cual llena de bencina para incendiarlo”.
De esta manera, se resume una nueva jornada violenta en el Instituto Nacional ocurrida el 28 de abril pasado. El registro dio cuenta, además, de alumnos “infiltrados” de otros liceos.
Luego, vinieron al menos tres episodios más durante junio y julio: bencina, fuegos artificiales y quemas de los overoles para eliminar ADN que posteriormente es levantado por la policía.
“Es grave lo que ocurre. Son grupos organizados de bases anarquistas”, comentó una fuente de alto nivel de la entidad sostenedora.
De acuerdo a los informes propios confeccionados con relatos de funcionarios y profesores, además de registros audiovisuales, habrían entre dos a tres células operando en el Instituto Nacional. No siempre ejecutan los ataques juntos. Por ejemplo, usan sistemas “rotativos”.
En una jornada de lanzamiento de molotov sólo operan 10 overoles blancos. Luego, dejan participar para dar paso a otro grupo de 10. Con eso–explicaron los investigadores–evitan ser identificados por el OS.9 de Carabineros, cuyo departamento policial está detrás de las pesquisas más relevantes.
También detectaron el uso de un esmeril. Esa herramienta es clave para vulnerar los candados de las puertas principales de acceso. Unos minutos antes de los enfrentamientos, rompen la seguridad para que ingresen los llamados “infiltrados”: exalumnos expulsados, estudiantes de otros liceos y adultos que podrían ser universitarios o personas vinculadas a movimientos anarquistas, de acuerdo a la información recabada por las autoridades.
Esta orgánica funciona por la ayuda de sus otros compañeros del Instituto Nacional, quienes colaboran desde una "segunda línea" en las llamadas "masas". Tras culminar el lanzamiento de bombas molotov, la célula corre a este grupo para sacarse rápidamente los overoles y quemarlos en algún punto del patio.
Así, en medio del desalojo y despacho a las casas, los violentistas se camuflan entre sus compañeros para retirarse sin ser descubiertos.
Para enfrentar estas dinámicas, el SLEP acordó con Carabineros el ingreso inmediato al Instituto Nacional con personal de Labocar y OS.9 en busca de pistas, huellas y material genético. Además, estaría evaluando integrar posibles sanciones a los alumnos "masas" que prestan cobertura a los violentistas.
Un problema que parece nunca acabar. No importa el escenario político o qué coalición esté en La Moneda. Estas células de violencia no paran su accionar, cuyas redes se alimentan con ideas tipo anarquistas que son expuestas en panfletos que arrojan tras los enfrentamientos con la policía.
Al menos cuatro tipos de propagandas se han encontrado en las últimas semanas: llaman a movilizarse por una mejor educación pública, por la “rebeldía” del estudio y por algunos anarquistas fallecidos por colocación de artefactos explosivos, quienes son conmemorados en el llamado agosto y septiembre negro.
Episodios que ya están en marcha.