"Te voy a seguir todas las noches...": La última frase que adulta mayor le dijo a joven acusado de asesinarla en Coronel
El pasado viernes se llevó a cabo la audiencia de formalización de los seis detenidos por la muerte de Isabel Contreras Aguilera, adulta mayor de 65 años que fue brutalmente asesinada en Coronel, región del Biobío.
El tribunal decretó prisión preventiva para dos adultos, internación provisoria para tres de los cuatro adolescentes detenidos y este último menor de edad, quedó con arresto domiciliario total.
Los detenidos son: F.D.M, de 20 años y nacionalidad colombiana; F.C.M, chileno de 18 años y cuatro menores de entre 14 y 17 años.
Durante la audiencia de formalización los relatos de los involucrados fueron brutales. A estos tuvo acceso BioBioChile, donde además quedó al descubierto la última frase que lanzó la víctima a su asesino: "Perro conche***, te voy a seguir todas las noches".
El seguimiento de cámaras y la declaración de testigos fueron claves para recrear lo que ocurrió esa noche. Sin embargo, lo relatado por los involucrados despejó toda duda.

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El adolescente de 14 años, identificado con las iniciales A.A.O.C. declaró ante el fiscal Hugo Cuevas. Fue al interior de la Brigada de Investigación de Coronel donde en calidad de imputado, narró cómo participó de un robo y de un homicidio, el de la adulta mayor Isabel Contreras Aguilera.
A. ni siquiera se molestó en negarlo. Solo aclaró que él se dedicó a robar porque ese era el plan original, no a apuñalar a los cuidadores.
—Me dio pena. Angustia. Pensé en mi abuelita— se justificó para asegurar que el agresor era otro de sus amigos, no él.
Pese a que su relato no lo exculpó, las declaraciones de los otros involucrados coincidieron en lo mismo: quien habría asesinado a Isabel de una forma bestial y dejado gravemente herido a su esposo, fue F., alias Pancho Pistolas, de 18 años.
Otro de los imputados, describió el momento del asesinato así:
—F. le pegó en la cabeza con el cuchillo(…) Contó que no estaba arrepentido de lo que había hecho y que lo volvería a hacer.
Después de haberla asesinado continuaron la celebración gracias a la plata robada. Incluso la madre de uno de los imputados bebió con ellos, pese a que le confesaron el crimen. Al día siguiente otro par se fue a comprar ropa nueva a un outlet.
La declaración del esposo de Isabel y de un testigo protegido
Tres oficiales de la policía se trasladaron hasta el Hospital San José de Coronel, donde J., esposo de de la adulta mayor, estaba gravemente herido. En esa instancia, contó que a las 23:30, mientras veía televisión, sintió que los perros no dejaban de ladrar. Agarró una linterna y salió a ver. De golpe apareció un hombre con pasamontaña.

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—Cuando lo alumbré, él se acercó a mí con un cuchillo cocinero en su mano izquierda con el que comenzó a pegarme puñaladas en la cabeza. No recuerdo cuantas, pero yo me protegí con mis dos manos, dijo J.
Vio que otros tres sujetos entraban a la casa donde su esposa estaba acostada. Él se escondió en la casa de los perros. A los diez minutos, cuando notó silencio otra vez, volvió a salir.
—Salí a ver a mi esposa, encontrándola en el patio de la casa tendida sobre el suelo. Tenía su cabeza con muchas heridas, pero aún estaba viva. Ella solo se quejaba y me pedía agua.
Un testigo protegido se presentó en la PDI de Coronel el 25 de mayo. Dijo que tenía información relevante respecto al robo con homicidio. El testigo confesó que M., amigo suyo, le había revelado que estaba arrepentido de "una embarrada grande y grave".
—Me contó que el día viernes unos amigos, sin decirme quiénes, lo habían ido a buscar a su casa a bordo de un jeep, sin saber a dónde iban. Llegaron a una casa y no quería bajarse del auto. No obstante, como lo obligaron, se bajó y entraron a robar a una casa. Me dijo que mientras robaban habían apuñalado a una señora y que como era mucho y a él no le parecía, le había puesto una pistola en la cabeza a uno de sus amigos, que era quien más estaba apuñalando a la señora, para que dejara de hacerlo.
El relato de los imputados en el homicidio de adulta mayor
Al ya tener dos nombres identificados los investigadores emitieron una orden de arresto para ambos. El 26 de mayo a las 13:45 entraron en la casa de A. Una hora antes habían llegado donde M., a quien lo delató el testigo protegido.
El primero que habló fue A., de 14 años. Dijo que horas antes del robo con homicidio todos se juntaron en su casa a beber y drogarse. Pancho Pistolas (18) salió con la idea de asaltar una casa de un empresario rico y todos aceptaron.
—Le dije a mi mamá que saldríamos con mis amigos. Le sacamos la llave de su auto sin que lo notara —señaló.
Se pusieron mascarillas y guantes de látex. Saltaron una muralla e ingresaron por un camino de tierra en el sector El Maule.
—F. dijo que había gente pero nos teníamos que tirar igual (…) F. tratando de ser silencioso no le dice nada y se abalanza sobre este caballero (el esposo de Isabel). Como que lo tomó del cuello y lo apuñala. No noté bien dónde, pero creo que como en el cuello u hombro. Fue muy rápido. El caballero tampoco gritó ni dijo nada, como que no podía hablar. Estaba sin aire, hablaba muy despacio, como rendido.

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Entraron cuatro a la casa mientras dos esperaban en el auto. A. entró primero a la cocina buscando dinero. Luego fue al living.
—F. estaba al lado de ella (de Isabel), a la altura de su cabeza, pegándole con un cuchillo, unas cuarenta veces, dándole puñaladas en todo el cuerpo. También le daba patadas. La señora se quejaba. A mí me dio pena. Angustia. Pensé en mi abuelita. Cerré los ojos para olvidar la imagen ensangrentada. No dije nada y seguí hacia los dormitorios, revisando cajones.
—F. vio que la señora iba arrastrándose hacia la mesa donde estaba un celular y gritó “¡va a llamar a los pacos!”, por lo que se abalanzó nuevamente contra ella. Le rompió el teléfono para rematarla. Tomó el bate que yo andaba trayendo y que estaba sobre una de las camas y con eso la golpeó.
—Escuché que la señora se paró y le dijo al F.: “¡Perro conchet*** te voy a seguir todas las noches!”. Luego, cuando pasé por el living yéndome del lugar, la vi sentaba en un sillón, pálida, muerta, con sangre por todas las partes de su cuerpo.
L.A.A.D de 16 años, el único que se presentó voluntariamente en la PDI y que se quedó adentro del auto el día del robo, reveló que F. tardó unos minutos más en llegar. Todos se asustaron y arrancaron el auto, sin él. A los minutos volvieron a buscarlo y vieron sus guantes llenos de sangre.
—Cuando F. se subió al auto contó que había matado a la señora de la casa (..) No estaba arrepentido de lo que había hecho y reveló que lo volvería a hacer. En ese momento me quedé en shock.
F.D.M, el mayor del grupo con 20 años, reafirmó la versión de todos.
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