El terrible virus Ébola vuelve a atacar África. El pasado 5 de mayo de 2026, la Organización Mundial de la Salud (OMS) fue alertada por un brote de una enfermedad desconocida y de alta mortalidad en la provincia de Ituri, en la República Democrática del Congo. Tras una investigación exhaustiva, el 15 de mayo fue confirmado un brote de ébola causado por la especie Orthoebolavirus bundibugyoense. En la actualidad, ya es una epidemia.
Hasta el momento, en el epicentro de la provincia de Ituri, en la República Democrática del Congo, se concentran más de 370 casos sospechosos y al menos 100 fallecidos, incluidos varios trabajadores sanitarios. La expansión del virus suma al menos un caso confirmado en la capital Kinshasa, otro en la ciudad de Goma y dos contagios importados en Kampala, la capital de Uganda, donde uno de los pacientes ha fallecido. El evento ha sido calificado de extraordinario y potencialmente muy peligroso. Se espera que el número de casos y de personas fallecidas siga aumentando.
Emergencia de importancia internacional
De hecho, la OMS ha determinado que constituye una emergencia de salud pública de importancia internacional (ESPII) debido a una combinación de factores críticos que elevan el riesgo global y regional. Entre ellos, la rápida expansión transfronteriza entre la República Democrática del Congo y Uganda, la alta movilidad de la población en una zona afectada por conflictos armados que dificultan la contención, el hecho de que la especie responsable sea el virus Bundibugyo –poco frecuente y para el cual no existen vacunas ni tratamientos aprobados– y la falta de claridad para identificar el origen de los contagios, que apunta a una transmisión comunitaria activa y subestimada.
Al declarar el ESPII, la OMS busca movilizar recursos financieros, científicos y logísticos internacionales de manera urgente. El objetivo es acelerar las investigaciones clínicas y mejorar la vigilancia sanitaria mundial.
Por el momento, no se cumplen los criterios para declarar una pandemia. Por eso la OMS ha desaconsejado cerrar de manera generalizada las fronteras internacionales.
Seis especies diferentes
El virus Ébola afecta con mayor frecuencia a personas y primates no humanos, como monos, gorilas y chimpancés. Hasta la fecha han sido descritas seis especies del patógeno.
Tres de ellas han sido asociadas a grandes brotes de ébola en África y su tasa de mortalidad varía según la especie: un 40 % para el virus Ébola Bundibugyo (Orthoebolavirus bundibugyoense), un 50 % para el virus Ébola Sudán (especie Orthoebolavirus sudanense) y el 90 % para el virus Ébola Zaire (especie Orthoebolavirus zairense).
La incidencia en personas del más reciente, el Bombali (especie Orthoebolavirus bombaliense), es desconocida de momento. Los ebolavirus Reston y Taï Forest, si bien tienen capacidad de infectar a los humanos, de momento no han producido fallecimientos.
Diecisiete brotes de ébola en el Congo
El virus del ébola fue detectado por vez primera en 1976 en dos brotes simultáneos en la República Democrática del Congo y Sudán. Ahora, la República Democrática del Congo está experimentando el decimoséptimo brote.
Entre 1976 y 2014, los brotes de ébola acontecieron principalmente en aldeas remotas cercanas a las selvas tropicales de África central y occidental. Concretamente, en la República Democrática del Congo, Sudán, Gabón, Uganda y la República del Congo.
Sin embargo, en 2014 hubo un cambio profundo en la distribución de la enfermedad y se produjeron por primera vez brotes en África occidental (Guinea, Liberia y Sierra Leona). En estos países se produjo una transmisión intensa en las zonas urbanas, lo que aumentó la extensión de la enfermedad.
Asociados a este brote, fueron importados casos de ébola a Italia, Nigeria, Malí, Senegal, España, Reino Unido y Estados Unidos.
La deforestacion no ayuda
Desgraciadamente, la emergencia de nuevos brotes de ébola en África parece ser cada vez más habitual. Pero ¿a qué se debe? Algunas de las causas que favorecen el aumento de los brotes en los últimos años están relacionadas con la deforestación y la destrucción de hábitats, lo que obliga a los murciélagos portadores a desplazarse y entrar en mayor contacto con los humanos.
Además, el crecimiento demográfico y la conectividad vial permiten que un virus antes aislado en aldeas remotas llegue rápidamente a ciudades densamente pobladas.
Asimismo, los conflictos armados dificultan la respuesta médica. Y la presencia de grupos rebeldes, el desplazamiento masivo de refugiados y la profunda desconfianza de la población local hacia los gobiernos o los trabajadores sanitarios extranjeros complican mucho el rastreo de contactos y el aislamiento de los enfermos.
A esto se suma la persistencia del virus, capaz de reactivarse o transmitirse sexualmente en supervivientes meses después. Por último, nuestra mayor capacidad científica para detectar y registrar brotes que antes pasaban desapercibidos ha aumentado la frecuencia de los casos declarados.
Murciélagos, chimpances, gorilas y puercoespines
Al parecer, el virus Ébola Bundibugyo llega a la población humana a través del contacto cercano con la sangre, secreciones, órganos u otros fluidos corporales de animales infectados como murciélagos frugívoros, chimpancés, gorilas, monos, antílopes del bosque o puercoespines que se encuentran enfermos o muertos o en la selva tropical.
Seguidamente, se transmite de persona a persona mediante el contacto directo, a través de la piel lesionada o las membranas mucosas, con la sangre o los fluidos corporales de una persona que está enferma o ha muerto a causa de la enfermedad. También puede transmitirse a través de objetos que han sido contaminados con fluidos corporales como sangre, heces o vómito.
Esta especie fue identificada por primera vez en el año 2007 en el distrito de Bundibugyo, en el oeste de Uganda. Y desde el brote que se produjo en 2012 en la República Democrática del Congo, no había vuelto a dar señales de vida.
El período de incubación varía entre 2 y 21 días. Las personas infectadas con Bundibugyo no pueden propagar la enfermedad hasta que desarrollan síntomas y siguen siendo infecciosas mientras su sangre contenga el virus. Esos síntomas pueden ser repentinos e incluyen fiebre, fatiga, dolor muscular, dolor de cabeza y dolor de garganta, seguidos de vómitos, diarrea, erupción cutánea, síntomas de insuficiencia renal y función hepática. En algunos casos, el paciente puede presentar sangrado tanto interno como externo.
Las autoridades sanitarias de la República Democrática del Congo y de Uganda están relativamente bien preparadas contra los brotes de ébola y mantienen activos programas de vigilancia y profesionales capacitados para detectar al patógeno. Crear conciencia sobre los factores de riesgo de la infección por ébola y las medidas de protección que las personas pueden tomar, es una estrategia eficaz para reducir la transmisión humana de la enfermedad.
Raúl Rivas González no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.